A mis hijos no les gusta mi pareja: un doble duelo 1

Tal y como hemos visto en anteriores artículos de este blog, las familias son sistemas que se constituyen, disuelven y reconstituyen de forma natural en el tiempo. Ya el mero hecho de que los padres previamente hayan sido hijos, y que sus hijos igualmente lleguen a un punto de emancipación, son muestras de la trayectoria esperable en una dinámica estándar de familia.

En ocasiones, los matrimonios albergan una serie de conflictos que, a veces, se resuelven con éxito y, otras, conllevan ineludiblemente una separación de los integrantes.

Esta separación, independientemente de los motivos que hayan llevado a ella, supone un duelo para las partes. El proyecto vital diseñado en conjunto se reformula desde ese momento y no sólo los adultos se reajustan a las nuevas circunstancias, sino que también afecta a los menores de la familia.

Los niños y adolescentes suelen adaptarse a los cambios con relativa facilidad, siempre dentro de la variabilidad individual que caracteriza al ser humano (es decir, no todos, ni siempre), pero un cambio en la estructura familiar como supone un divorcio, puede suponer algo difícil de digerir para ellos.

Ya en sí, entender que el concepto de familia existente hasta el momento “se desvanece”, es un proceso complejo, pero, además, es probable que con el tiempo tengan que asimilar también en su esquema cognitivo la integración de una nueva figura: la pareja de papá/mamá.

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Familias reconstituidas

El doble duelo de la separación y reconstitución familiar

Para los niños y adolescentes, el impacto de la separación de sus padres suele ser notorio, pero también lo es la aparición de una nueva persona que, de inicio, puede ser percibida como un elemento intruso, incluso aunque aparezca en el sistema familiar años después de la resolución del matrimonio de los progenitores.

Así pues, teniendo en cuenta las claves necesarias para facilitar un acercamiento entre nuestra pareja e hijos que ya vimos en el artículo anterior sobre este tema, analicemos las diferentes etapas de procesamiento de los menores para entender cuándo y por qué se dan determinadas reacciones emocionales:

Negación: Tanto para el anuncio de la separación/divorcio, como para la entrada de una nueva persona en el ritmo de vida.

Esta fase es un shock inicial, hay una activación emocional muy intensa que no permite integrar la información suministrada, de manera que se rechaza. Simplemente, a ojos de nuestros hijos “esto no está ocurriendo”. Conviene respetar este periodo y no forzar a entender. Llegará.

Enfado: La primera reacción emocional tras salir del bloqueo. De inicio, un enfado hacia los padres, entendiéndose que son “responsables” a sus ojos de haber “desmontado” el sistema familiar. Ídem para la llegada de la pareja nueva, a la que se puede responsabilizar, generalmente de forma errónea, de la imposibilidad de reconstituir la familia previa.

La ira es una emoción que moviliza mucha energía en pos de asentar límites. Del mismo modo que no recomendamos mantener conversaciones que se busque que sean fructíferas con este estado emocional, no podemos pretender que los niños/adolescentes muestren una buena actitud en este momento. Necesitan asimilar su dolor y es una forma más de expresar su disconformidad.

Nota: Enfado no equivale a faltas de respeto. Hay una serie de límites básicos que no son tolerables, incluso aunque la emoción sea legítima.

Negociación: Cuando la ira se atenúa, los menores pueden intentar ver si hay posibilidad de cambio en la situación. ¿De alguna forma se pueden arreglar mis padres? ¿Hay alguna forma de que esta persona no sea algo definitivo?

Aquí los menores comienzan a ser conscientes del cambio y están más abiertos a escuchar. Es un buen punto para hablarles de la irreversibilidad de la situación, si es que es así como se siente la misma.

Tristeza: Entender la irreversibilidad es doloroso. Ya no existe el “mirar hacia otro lado”, sino que hay un enfrentamiento con una realidad que es desagradable de inicio. Debemos poder tolerar su tristeza, y también poder recogerla en la medida de nuestras posibilidades, atendiendo a las necesidades que puedan mostrarnos en cada momento.

Aceptación: A partir de este punto, los menores suelen mostrar otra actitud. No necesariamente va a haber un vínculo afectivo intenso con la nueva pareja, pero probablemente se muestren mucho más abiertos a realizar planes en conjunto y entiendan que es una figura que, progresivamente, se va integrando en el nuevo sistema familiar.

Los duelos son procesos extremadamente personales y subjetivos, por lo que ni siquiera el orden de las fases es idéntico en todas las personas. Si percibes que puede haber dificultades en el procesamiento de la separación/divorcio y/o en la integración de una nueva figura en el sistema familiar, podemos ayudarte a evaluar la situación y buscar recursos que os sean de utilidad.