Una representación de la adicción a los ansiolíticos.

La adicción a los ansiolíticos es un problema desgraciadamente común en nuestra sociedad. Podría parecer lógico culpar al sistema médico que se encarga de recetarlos, pero la realidad es que existen otras razones de mayor peso como la tendencia establecida a la auto medicación, el desconocimiento de sus efectos secundarios o la creencia de que estos fármacos solucionan por sí solos el problema, cuando en la mayoría de casos es necesaria la intervención de un psicólogo.

El abordaje de la salud mental se puede llevar a cabo de múltiples formas, en función del tipo de evaluación y diagnóstico establecido, así como de la gravedad de la experiencia que manifieste el paciente.

Así pues, algunos de los conflictos que más aparecen en las consultas en la actualidad se relacionan con trastornos de ansiedad, dificultades en las relaciones de pareja, el manejo de las emociones y conductas de los hijos, la superación de la pérdida de algún familiar o amigo cercano, el estrés laboral, etc.

¿Cuándo se preescriben psicofármacos?

Este tipo de situaciones, que interfieren claramente en la salud tanto física como mental de aquellos que las viven, pueden ser abordadas por profesionales del ámbito de la salud como los psicólogos, cuya función consistirá en acompañar, asesorar y orientar a nivel terapéutico al paciente para tratar de localizar sus recursos y la mejor forma de alcanzar un nivel óptimo de bienestar.

Sin embargo, algunos casos que se presentan en las consultas de psicólogos y psiquiatras requieren de la colaboración de estos dos profesionales debido a la presencia de un trastorno mental de mayor gravedad (como, por ejemplo, trastornos psicóticos, trastornos de la personalidad, depresión mayor o trastorno de ansiedad generalizada, entre otros).

Ante este tipo de problemática, el psicólogo continúa en su función de orientador, asesor y apoyo terapéutico en el proceso del paciente, ofreciendo las pautas necesarias para la mejora de su estado psicológico, pero no puede realizar su labor adecuadamente sin contar con el conocimiento y comprensión médicos de un compañero psiquiatra.

Cuando nos encontramos ante un trastorno grave de la personalidad, psicótico o del estado de ánimo, muy probablemente encontraremos también una desregulación de los niveles químicos cerebrales que se precisan para un óptimo funcionamiento a nivel psíquico.

Por tanto, es fundamental que el médico psiquiatra realice una evaluación y diagnóstico del caso con la mayor precisión que le sea posible a partir de las herramientas neuropsicológicas (como resonancias magnéticas o TACs y cuestionarios objetivos para determinados trastornos) de que disponga, de manera que pueda establecer el tratamiento farmacológico que sea más adecuado para cada paciente.

Ansiolíticos, los conocidos “desconocidos”

Algunos de los trastornos del estado de ánimo con mayor prevalencia en nuestra sociedad son los trastornos de ansiedad, que afectan en torno a un 40% de la población española.

Por ende, uno de los fármacos que más se prescribe en las consultas médicas para este tipo de trastornos, son los ansiolíticos.Una mano de un hombre con adicción a los ansiolíticos por su problema de ansiedad.

Los ansiolíticos (también conocidos como tranquilizantes menores) son psicofármacos cuya función consiste en establecer una acción depresora del sistema nervioso central, de manera que se reduzcan los síntomas relacionados con la ansiedad.

Se entiende que los fármacos ansiolíticos “ideales” son aquellos que se encargan de aliviar o eliminar los síntomas de ansiedad, mediante una reducción de la excitación del sistema nervioso central, pero sin producir efecto de sedación o sueño, algo que sí ocurre con los psicofármacos hipnóticos (que se utilizan como sedantes, y en ocasiones también para aliviar los síntomas ansiosos).

¿Qué tipos de ansiolíticos existen?

Actualmente podemos distinguir entre tres tipos de ansiolíticos, en función de la acción directa que tienen sobre el sistema nervioso central:

  • Ansiolíticos con efecto sedante-hipnótico: Encajan dentro de las características arriba descritas, en tanto a que funcionan como reductores de la sintomatología ansiosa, pero también producen un efecto sedante. Hablamos de las benzodiacepinas, los barbitúricos y el meprobamato.
  • Ansiolíticos agonistas parciales de los receptores 5-HT1A (subtipo de receptor de la serotonina, neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo y la felicidad). Encontramos las azaspirodecanodionas, la buspirona, la ipsapirona y la gepirona.
  • Ansiolíticos que, además, bloquean algún componente del sistema nervioso autónomo. Son fármacos cuya composición difiere mucho de unos a otros, pero tienen en común que ejercen una acción ansiolítica y sedante (sólo algunos de ellos, como los antihistamínicos), además de bloquear algún componente del sistema nervioso autónomo. Encontramos los antihistamínicos, los fármacos neurolépticos, los antidepresivos (tricíclicos, inhibidores de la recaptación de 5-HT (serotonina) e inhibidores de MAO (enzima producto de la degradación de la serotonina) y los bloqueadores beta-adrenérgicos.

Mientras que el primer bloque se corresponde con los primeros ansiolíticos que se descubrieron en la investigación para el alivio los síntomas de la ansiedad, el último guarda relación con algunos de los fármacos más innovadores y de mejores efectos en relación con la sintomatología ansiosa, en tanto a que algunos de ellos (como los inhibidores de la recaptación de la 5-HT) han demostrado muy buenos resultados con pacientes ansiosos, eliminando el efecto sedante en gran medida y reduciendo otros efectos secundarios que eran muy característicos de los ansiolíticos que encontramos en el primer bloque, y que mencionaremos a continuación.

¿Qué problemas pueden aparecer con el consumo de ansiolíticos?

Aunque la composición de los psicofármacos que se prescribe en la actualidad ha avanzado mucho con el paso de las décadas, nuestro conocimiento del cerebro humano y del funcionamiento del sistema nervioso central es tan limitado que resulta imposible aislar un fármaco para tratar un problema concreto, sin que el uso del mismo tenga efectos en otras áreas cerebral que no nos interesa abarcar.

Así pues, como mencionábamos anteriormente, algunos antidepresivos como los ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina) han demostrado una mayor efectividad y mejores resultados en el tratamiento tanto de sintomatología depresiva como ansiosa, así como un menor efecto sedante en los pacientes que los consumen.

Sin embargo, uno de los tipos de ansiolíticos que aún hoy se receta con mucha frecuencia son las benzodiacepinas, ya que cumple la función de aliviar la sintomatología relacionada con trastornos severos de ansiedad, que afectan gravemente al funcionamiento cotidiano de quienes la padecen.

Las benzodiacepinas suelen emplearse para un tratamiento de la ansiedad a corto plazo, y también a largo plazo cuando se habla de trastornos de ansiedad con un nivel de gravedad de moderado a elevado.Una mujer representando los problemas de la adicción a los ansiolíticos.

Aunque las benzodiacepinas son un ansiolítico de primera elección debido a su utilidad en los trastornos más graves de ansiedad, algo que los pacientes desconocen es que el consumo de este fármaco provoca a largo plazo el desarrollo de tolerancia (cada vez se necesita una cantidad de dosis mayor del fármaco para obtener el mismo efecto) y dependencia (no se puede funcionar con normalidad sin hacer uso de la benzodiacepina).

De igual modo, si la retirada del fármaco no se realiza de la forma adecuada, es muy probable que lleve a desarrollar un síndrome de abstinencia (a nivel tanto fisiológico como psicológico, el cuerpo “siente” que necesita del fármaco para llegar a un estado de bienestar) y un efecto rebote, es decir, una regresión al estado inicial de ansiedad cuando se retira el fármaco.

La mayor parte de benzodiacepinas, además de tener su efecto esperado sobre la sintomatología ansiosa, producen sedación (a altas dosis), efectos hipnóticos y relajación muscular central (por esta razón, también se emplean en ocasiones como relajantes musculares).

Entre las benzodiacepinas más conocidas encontramos las siguientes: alprazolam (trankimazin), clordiazepóxido (klopoxid), diazepam (valium), oxazepam (serax), midazolam (dormicum), clonazepam (klonopin), lorazepam (orfidal) o bromazepam (lexatin). *

*Nota: Entre paréntesis se menciona el nombre comercial más conocido de cada categoría, pero constituyen sólo uno de varios ejemplos que podrían haberse citado.

¿Cómo conviene hacer uso de los ansiolíticos?

Sobra decir que con este artículo nuestra intención como psicólogos en Valencia no es negativizar la visión de psicofármacos como los ansiolíticos y, más concretamente, de las benzodiacepinas.

Como hemos comentado al inicio, en casos de trastornos graves del estado de ánimo, la personalidad o trastornos psicóticos, entre otros, la función del médico psiquiatra y su prescripción farmacológica van a resultar fundamentales para la evolución del paciente diagnosticado.

No obstante, consideramos que es importante que, debido a la concepción (un tanto laxa) que existe en nuestra sociedad sobre el consumo de ansiolíticos, se deben conocer tanto sus virtudes en el tratamiento de la ansiedad como sus debilidades.

Así pues, nuestra recomendación como profesionales de la salud es que, en caso de recibir una prescripción médica de un ansiolítico, ésta sea seguida rigurosamente por el paciente, para no exceder la dosis ni tampoco incumplirla de forma deficitaria, dado que se corresponde con la valoración detallada que un psiquiatra ha hecho de la situación determinada de un paciente, y por ello se ha establecido una cantidad, frecuencia y una duración para la recuperación del funcionamiento psicológico que se considera óptimo.

Bajo ningún concepto recomendamos el autoconsumo de psicofármacos como los ansiolíticos, ni la modificación de las dosis establecidas por un médico por cualquier criterio individual.

Cualquiera de estas dos decisiones puede conllevar el desarrollo de los efectos secundarios arriba descritos y, al contrario de lo que se pueda esperar, un peor pronóstico de la sintomatología ansiosa.

Por último, cabe mencionar que el uso de psicofármacos siempre muestra mejores resultados cuando este consumo se acompaña de psicoterapia.

Por tanto, sería recomendable que, en conjunto con un tratamiento psicofarmacológico pautado por un psiquiatra, el paciente pudiera iniciar un tratamiento psicológico para trabajar sus fortalezas, debilidades y recursos, de manera que a medio-largo plazo cuente con nuevas herramientas para abordar sus episodios de estado de ánimo de carácter ansioso.

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