Una niña con altas capacidades intelectuales

¿Qué pasa con los niños que tienen altas capacidades educativas?

Los seres humanos nos caracterizamos, aparte de por nuestra racionalidad, por la inmensa diversidad que encontramos entre unos y otros, independientemente del género o la edad.

Si nos centramos en un entorno educativo como es la escuela y, concretamente, en cada una de las aulas que pueda haber, nos encontraremos con personas muy diferentes, con muy distintas aptitudes y aspiraciones con respecto a su futuro.

Es cierto que, con frecuencia, se habla de los niños con necesidades educativas especiales en referencia a aquellos que pueden requerir adaptaciones de acuerdo a la existencia de algunos déficits auditivos, lingüísticos o cognitivos con respecto a su grupo de edad normativo.Un niño con altas capacidades que se aburre en clase

Sin embargo, también podemos encontrarnos con alumnos cuyas aptitudes o competencias quedan por encima (un 10% aproximadamente) de su grupo normativo en uno o más dominios en base a medidas estándar de inteligencia (en las que se evalúa especialmente la capacidad para razonar, aprender y solucionar problemas matemáticos o de competencia del lenguaje) y no solo en estos dominios, sino también con algunas de las aptitudes ampliamente desarrolladas por Howard Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples, como destrezas sensorio motrices y artísticas (pintura, danza, actividades deportivas…)

Por tanto, podemos decir que los niños con altas capacidades intelectuales o educativas (anteriormente conocidos como “superdotados”) se caracterizan fundamentalmente por un nivel de rendimiento cognitivo y de motivación que sobresale con respecto a los demás niños de su edad, mostrando un particular interés y curiosidad por el aprendizaje, conocimiento y descubrimiento de nuevos retos académicos.

¿Qué problemas podemos encontrarnos en el aula con niños con altas capacidades?

Debido al potencial que tienen estos niños, su rendimiento suele ser superior al del resto de sus compañeros de aula, pero, por desgracia, no siempre llegan a desarrollar sus capacidades al máximo.

Ello se debe a que los colegios (tutores, coordinadores, orientadores educativos…) establecen unos criterios educativos adaptados a la inteligencia media normativa de cada grupo de edad, que suele corresponderse con el porcentaje mayoritario de la población de un aula.

Sin embargo, estos criterios educativos (por norma general) no se ajustan a las necesidades de los niños que quedan por debajo del desarrollo normativo, ni tampoco a aquellos que quedan por encima. Veámoslo gráficamente:

Curva de distribución normal

En base a esta imagen, podemos deducir que es muy posible que los niños que quedan por debajo puedan necesitar ciertos apoyos extraescolares o refuerzos dentro de la propia jornada lectiva, y también es alta la probabilidad de que los niños que quedan por encima tengan la sensación de que muchas materias les resultan demasiado sencillas y, por tanto, terminen por perder el interés.

Con frecuencia, estos niños experimentan sensación de aburrimiento, razón por la que pueden convertirse en distractores de otros alumnos de la clase sin ningún tipo de mala intención, sino con el mero objetivo de hacer más entretenido su tiempo en el aula.

En esta línea, podemos encontrar cierta inadaptación al funcionamiento de la clase y la sensación de insatisfacción con el entorno escolar, puesto que es frecuente que sean vistos como “diferentes” o “raros” de acuerdo con sus competencias cognitivas, aspecto que puede facilitar un cierto aislamiento social.

Por este motivo, en algunos casos aparecen problemas de conducta o de gestión emocional, e incluso pueden ser víctimas de “bullying debido a su “don” que les hace distintos a los demás.

Así pues, pese a esa aparente “ventaja cognitiva”, el entorno social y escolar, de no adaptarse a las necesidades del niño/a, puede contribuir al desarrollo de trastornos emocionales y de la conducta severos, además de facilitar la aparición de desmotivación y disminución del rendimiento educativo.

 ¿Cómo se trabaja cuando tenemos un caso de altas capacidades?

La intervención en niños con altas capacidades no recae en esencia en el psicólogo que trabaja en el ámbito clínico, sino que, en este contexto, recae fundamentalmente en el psicólogo escolar (u orientador educativo).

El psicólogo del ámbito clínico se encargará de abordar los problemas emocionales y de conducta que el menor pueda estar experimentando en el aula, debido a diferentes factores socioeducativos (comportamientos de los compañeros, apoyo social, adaptación del aula a las necesidades, etc.), pero que no van estrictamente ligados a la capacidad cognitiva del niño/a (rabietas, frustraciones, habilidades sociales…)

Por ejemplo, si en el aula ocurre algo que frustra al menor, y que hasta la fecha se ha resuelto de forma agresiva (rompiendo cosas o agrediendo a compañeros) se trabaja para comprender los motivos que se esconden tras esa reacción de rabia y se buscan alternativas conductuales para una mejor gestión emocional con el fin de evitar un daño para él/ella mismo/a o los demás.

Por otra parte, el psicólogo escolar evalúa las capacidades cognitivas de cada niño y establece las necesidades educativas cuyas adaptaciones han de ponerse en práctica.

Por ejemplo, si la competencia intelectual de un/a menor queda muy por encima de su grupo normativo, cabría la posibilidad de plantear un cambio de curso al inmediatamente superior, de forma que los contenidos puedan suponer un nivel de estímulo y de reto más adecuados al niño con alta capacidad.Un niño superdotado

No obstante, éste es un buen punto para fomentar el trabajo entre el psicólogo escolar y el psicólogo del ámbito clínico, dado que se debe evaluar el impacto que el cambio puede tener en la vida escolar y social del menor, y se le ha de tener en cuenta (también en función de su edad) a la hora de tomar una decisión que va a repercutir directamente sobre su futuro.

Y, por otra parte, no podemos olvidar el trabajo que ambos psicólogos deben realizar con las familias, ya que es muy importante que los padres o cuidadores principales tengan presente la necesidad de estimulación del niño con alta capacidad y encuentren diferentes vías para favorecer el desarrollo y la curiosidad del menor (adaptadas asimismo a los gustos, aficiones e intereses que éste pueda tener).

Se trata, en definitiva, de hacer un buen trabajo en equipo para garantizar que el niño pueda adaptarse de la mejor forma a su entorno, y que dicho entorno sea una fuente de estímulo adecuada a sus capacidades y competencias, y a la medida en que éstas se puedan ir desarrollando.