una niña con celos de sus hermanos.

La familia, como ya se ha comentado en anteriores publicaciones de este blog, es el primer y más importante núcleo de socialización de vinculación afectiva que encontramos en la infancia, pero en ocasiones se puede ver afectada por diversos problemas, como los celos entre hermanos, que explicaremos hoy.

Lo que vemos, imitamos y aprendemos del comportamiento de nuestros padres y hermanos, es en gran parte lo que traducimos y adaptamos de cara a nuestra conducta con los otros.

Así pues, cuando en un entorno familiar se fomenta la autonomía y el desarrollo independiente de los niños, ofreciendo a su vez una sólida base de apoyo y confianza, es más probable que nos encontremos en el futuro con una persona capaz de asumir retos, que se apoya en los demás sin sentirse “débil” por ello y que es capaz de construir relaciones de apego seguro, basadas en el respeto y la aceptación, es decir sin problemas de autoestima.

Sin embargo, cuando el entorno familiar no es capaz de generar actitudes y conductas de seguridad, sino que se produce una excesiva sobreprotección del niño o un excesivo comportamiento de “evitación” de sus necesidades (tendencia a ignorarlo), lo que nos encontraremos con mayor probabilidad en la adolescencia y edad adulta será a personas con dificultades para asumir nuevos retos (que encararán como amenazas), con serias dificultades para apoyarse en los otros debido a sus conflictos de autoestima y con una tendencia a construir relaciones inseguras, dependientes, asfixiantes e, incluso, tóxicas.

En esta línea del desarrollo infantil, uno de los conflictos que aparece con mayor frecuencia en la infancia, y que puede suponer un problema futuro de no abordarse correctamente, es la cuestión de los celos entre hermanos.

 ¿Es lo mismo la envidia que los celos?

No, no son exactamente lo mismo y lo explicaremos con un ejemplo: Cuando un compañero de trabajo consigue un ascenso después de haber dedicado mucho tiempo y esfuerzo a sus responsabilidades en la oficina, podemos experimentar envidia (sana o insana, esto ya dependerá de cada persona), mientras que, si mi pareja empieza a mantener conversaciones frecuentes con otra persona, es muy probable que experimentemos la presencia de celos.

Por si este ejemplo no ha resultado bastante clarificador, la envidia es una experiencia de deseo con respecto a una posesión (física o intelectual, real o percibida) de otra persona y con la que, a nuestro parecer, nosotros no contamos.

Sin embargo, los celos se relacionan con un sentimiento de inseguridad y de temor que aparece en relación a un cambio de actitud y/o conducta (real o percibido) en otra persona, en relación con alguien más que no somos nosotros.

Por tanto, la envidia es un sentimiento que se limita a dos personas, mientras que los celos afectan necesariamente a más de dos.

¿Por qué aparecen los celos entre hermanos?

Los celos entre hermanos nacen con frecuencia por la falta de comprensión sobre los cambios que se van a producir con la llegada de un nuevo bebé al seno familiar, sobre todo cuando el que experimenta los celos es el hermano mayor.

Esta falta de comprensión, que ocurre a otro nivel en el cerebro del adulto, lleva al niño a una situación de cierto desamparo emocional (ellos viven este episodio con un terrible malestar) en la que “rellenan” los huecos de sus dudas mentales con la información que consideran más congruente (lo que no significa que sea cierta): “ya nadie me va a querer”, “todos harán más caso al bebé”, “tener hermanos es un asco”.un niño con su hermana en brazos.

Asimismo, es más probable encontrar este tipo de reacciones en niños cuyo estilo de apego tiende a ser de tipo ansioso-ambivalente, ya que son personas más inseguras por norma general y que tienen una gran necesidad de apoyo y de aprobación constante por parte de sus padres.

La ausencia de estos factores les hace sentirse más vulnerables ante el desconocimiento, de la misma forma que una persona adulta puede experimentar un temor irracional (como ver una película de terror, por ejemplo) ante una situación que no domina.

Es importante mencionar que, aunque hemos hablado sobre todo de los celos que se dirigen del hermano mayor al pequeño, éste no es el único formato de celos entre hermanos que podemos encontrar.

En Dopsi, hemos observado tres patrones de celos entre hermanos, que os detallamos a continuación:

  • El principito/la princesita: Los ya mencionados celos dirigidos del hermano mayor al hermano pequeño.

Se trata de una situación en la que el hermano mayor pierde o siente que va a perder una posición privilegiada en el hogar, de forma que toda la atención de sus seres queridos y, fundamentalmente, de su padre y su madre, se van a reconducir hacia el nuevo hermano.

  • El ejemplo/la ejemplo: No tan común, aunque también bastante frecuente, es el caso de los celos dirigidos del hermano pequeño al hermano mayor.

Este fenómeno suele aparecer por un efecto de comparación negativa, en la que la expectativa de los padres es que, habiendo cumplido el hijo mayor un proceso educativo muy bueno (a su criterio), el hijo menor siga los mismos pasos.

Esta situación genera una angustia constante en quien la experimenta, debido a la sensación de no poder alcanzar nunca el estándar establecido y, sobre todo, por no “parecer” que puede hacer sus propias elecciones y seguir su propio criterio.

Si la situación es muy opresiva, es probable que desemboque en conductas de rabia, evitación y rebeldía contra las normas (llegando incluso a acercarse a los límites de la ley, como forma de protesta a gran escala).

  • El olvidado/la olvidada: Aún menos frecuente que el anterior (debido a que en nuestra sociedad la tasa de maternidad se ha visto reducida con el paso de las décadas y la modernización de nuestro estilo de vida), pero todavía vigente, es el caso de “el olvidado/olvidada”, cuando la persona que experimenta los celos tiene un doble foco al que dirigirlos, ya que hablamos del hermano mediano.

Lo conocemos con este nombre porque, con frecuencia, la atención de los padres se sitúa antes en el hermano mayor (bien porque es un ejemplo, o porque por edad entra antes en la rebeldía de la adolescencia) o en el pequeño (el que todavía se percibe como más vulnerable e inocente), de forma que el hermano mediano y sus necesidades a menudo quedan en el olvido.

Es posible que intente volcarse en la relación con sus padres, con el objetivo de recabar la atención que necesita, o bien que busque otros puntos de apoyo fuera del hogar a medida que avance en edad.

¿Qué hacemos con los celos en casa?

Nadie dijo que el rol de padres fuera tarea fácil. Seguramente, esta misión sería mucho más sencilla si cada uno de nuestros hijos, de igual forma que un ordenador, contara con una especie de manual de instrucciones.

Posiblemente sería mucho más fácil, sí, pero también perderíamos toda la magia de descubrir la personalidad que se forja dentro de nuestros hijos día tras día, gracias a la interacción con nosotros y con el resto del mundo.Cómo tratar los celos entre hermanos.

Los celos son una experiencia desadaptativa que en muchos niños se pone en marcha como el modo “más adecuado” que han encontrado para tratar de adaptarse al cambio que ven aproximarse a ellos.

Si habéis comenzado una nueva relación, este artículo os podrá resultar de ayuda: El papel de mi pareja.

Así pues, éste es el mejor recurso que han desarrollado para trasladarnos su incomodidad con la situación, pero, ¡tranquilos! Nosotros también contamos con herramientas para lidiar con estos conflictos:

  • Analicemos necesidades: debemos indagar con el niño qué es lo que podemos hacer como sus padres para que pueda sentirse más seguro o más atendido. ¿Qué podemos ofrecerle?

Nota: hablamos en términos emocionales, no se trata de compensar el déficit de atención hacia el menor con regalos y aspectos materiales, dado que estos no suplirán la necesidad real.

  • Reforcemos su confianza: el niño necesita creer que sus padres van a seguir queriéndole, y que no será menos importante para ellos con el nacimiento de un hermano/a.

Debemos ser capaces de clarificar este mensaje, de manera que llegue de forma que se perciba como segura y auténtica.

También debemos encontrar la manera de evitar las comparaciones entre hermanos, y aceptar y respetar las decisiones de cada uno de nuestros hijos.

Nota: nuestros hijos no son robots, por lo que, con toda seguridad, serán diferentes entre ellos. Aprovechemos esa riqueza para nutrirnos y para enriquecernos, no tratemos de “eliminarla” a la ligera.

  • Impliquemos al niño en el proceso de cambio: una herramienta muy útil para prevenir la aparición de los celos es que el niño sienta que forma parte de todo el proceso de gestación y preparación para el nacimiento.

Así pues, llevarle a las revisiones médicas durante el embarazo y a las citas para ecografías, contar con él para organizar las cosas del bebé y, una vez nacido, para ayudar a los padres con las tareas de cuidado, fomenta la unión del núcleo familiar en pos de la disgregación de sus miembros.

  • Fomentemos la petición de ayuda y la escucha: las fortalezas y debilidades de nuestros hijos son pequeños espejos de algunas de nuestras propias fortalezas y debilidades.

Tengamos en cuenta que, cuando un niño pide ayuda, no siempre será del todo claro con lo que solicita, pero mantener una escucha activa y receptiva hacia lo que expresa nos facilitará en gran medida la comprensión de su necesidad.

Además, si el niño se siente escuchado y comprendido, también elaborará de forma más sencilla y clara las peticiones de ayuda/apoyo (sin sentir temor a ser rechazado o ignorado).

  • Cultivemos la paciencia: De nuevo conectando con el inicio de este apartado, la paternidad no es un proceso fácil y requiere de mucha responsabilidad y esfuerzo.

Tendremos que tratar de desarrollar nuestra paciencia para comprobar cómo ese esfuerzo y dedicación en el cuidado de nuestros hijos termina por darnos el mejor de los frutos.

Si bien estas son algunas de las guías que os podemos ofrecer como psicólogos en Valencia, algunos casos pueden resultar más complicados de abordar, bien por la tesitura familiar, por las características de los hermanos o del propio niño que experimenta celos (particularmente inseguro o con otros trastornos como la enuresis o situaciones complicadas como los efectos del divorcio, mediando en su experiencia de celos).

Por tanto, algunos episodios de celos requerirán del seguimiento especializado de un profesional de la salud que pueda dar pautas más específicas tanto al niño como a la familia sobre cómo redirigir la situación problemática hacia un patrón más saludable.

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