¿Cómo identificar el hambre emocional? 1

Seguramente, en alguna ocasión en la que hayas sentido aburrimiento o nervios, has acudido a la cocina, casi de forma inconsciente. Si este es tu caso, también te sonará el término “hambre emocional”, ya que es algo que todos y todas hemos experimentado a lo largo de nuestras vidas. Pero, ¿es tan fácil de identificar? Veamos qué es el hambre emocional y cuándo aparece.

El hambre emocional no es un trastorno psicológico por sí mismo, sino una forma de autorregulación emocional a través de la comida, aunque sumado a otros síntomas, podría degenerar en problemas más severos como trastornos de la conducta alimentaria o ansiedad.

En realidad, se trata de una estrategia de afrontamiento que puede convertirse en problemática, por lo tanto es necesario analizar qué emociones la están desencadenando, normalmente aquellas más desagradables como: ansiedad, culpa, tristeza, aburrimiento; y en qué situaciones, para desarrollar otras estrategias más saludables.

¿Cómo puedo diferenciarla del hambre real?

El hambre es una necesidad básica cuya función es la supervivencia. Aparece de forma gradual, es decir, conforme más tiempo pase desde la primera señal, más intensa será la misma. La necesidad fisiológica no desaparece hasta que es satisfecha.

El hambre emocional, sin embargo:

  • Aparece de forma repentina.
  • Está relacionada con alguna situación que nos genera emociones desagradables, que estamos tratando de evitar, sustituyéndola por una sensación de saciedad.
  • Está asociada a antojos, a alguna comida determinada, ya sea comida rápida, bollería industrial, grasienta y/o azucarada, normalmente en grandes cantidades.
  • El hambre emocional, a diferencia del real, aun sintiéndote saciado/a o lleno/a, continúas comiendo.
  • Además, se suele comer rápido y con ansia. No se mastica ni se saborea, el objetivo no es disfrutar, sino alcanzar la sensación de saciedad lo antes posible.
  • Posteriormente, aparecen sentimientos de culpa después de haber comido tanto y de forma poco saludable. Incluso, puede haber dolor físico, que acentúa la culpabilidad y el arrepentimiento, al darse cuenta la persona del poco control que ha tenido sobre su conducta.
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Comida

¿Qué puedo hacer?

En primer lugar, hay que identificar qué situaciones y emociones que están desencadenando el impulso, para hacernos conscientes y así poder identificar el hambre a tiempo.

Después debemos desarrollar estrategias alternativas en referencia a las emociones, encontrando otra forma de gestionarlas, como utilizar técnicas de relajación, técnicas de gestión de conflictos, etc.

Y en referencia a la comida: posponer la gratificación, es decir, esperarnos antes de ingerir ningún alimento; sustituir los alimentos que nos pide el cuerpo por otros más saludables y en cantidades menores; comer despacio, saboreando, disfrutando y siendo conscientes de si seguimos teniendo hambre o ya estamos saciados, etc.

¿Cuándo acudir al psicólogo?

Cuanto antes. Este patrón de conducta que, abordado a tiempo, tiene una resolución relativamente sencilla, de mantenerse en el tiempo, podría llegar a agravarse notablemente, pues no solo no estamos afrontando las situaciones que nos generan malestar (cómo hacerlo sería uno de los principales objetivos de la terapia), sino que, al convertirse en un problema en sí mismo, se pueden llegar a desarrollar otras estrategias para mitigar el sentimiento de culpa o falta de autocontrol, como conductas purgativas o restricciones alimenticias, a modo de compensación, que, a su vez, podrían desencadenar atracones. Otros problemas asociados serían aumento de peso, problemas de autoestima, posible dismorfia corporal, diabetes, colesterol, etc.

En estos casos, el equipo de Dopsi recomienda la intervención de un/a nutricionista especializado, para poder darte pautas alimenticias.