Superar la pérdida de un hijo

Existen ocasiones en la vida en las que debemos enfrentarnos al fallecimiento de un ser querido. Aunque estas situaciones pueden resultar complicadas y muy dolorosas, ninguna supera la devastación e indefensión que provoca la pérdida de un hijo o de una hija. De forma natural, tenemos menos problemas en aceptar el fallecimiento de un familiar de edad superior a la nuestra, siendo habitual que los primeros casos de pérdida cercana que experimentemos sean los de nuestros abuelos o familiares ancianos. Sin embargo, ¿Cómo podemos reaccionar cuando es uno de nuestros hijos quien falta?

Los primeros momentos

La mayoría de padres se mostrarán incrédulos durante esta primera fase, de forma similar a cuando experimentamos un estado de shock. La tristeza y los síntomas físicos serán los que mayor protagonismo adquieran, los padres pueden encontrarse agitados, nerviosos, sin apetito, insomnes o incluso catatónicos, como si no estuvieran.

Muchas personas asocian el sentimiento de tristeza a la aparición de lágrimas o llanto, tanto espontáneo como condicionado por una conversación, un olor o una sensación. Sin embargo, es importante entender que durante esta fase, muchos padres y muchas madres no lloran, y que esta actitud no refleja falta de afecto hacia los pequeños. Existen diversas posibilidades, como que se trate de un efecto derivado del shock emocional, un mecanismo de autodefensa consciente o inconsciente, o una incapacidad de aceptación del suceso.

Esto no ha ocurrido, estoy en una pesadilla de la que tarde o temprano tengo que despertar.

En muchas ocasiones, inmediatamente después de la pérdida de un hijo la familia y los amigos se vuelcan con los padres, intentando ofrecer toda la ayuda posible. Este comportamiento, pese a su intención positiva, puede impedir a los padres procesar esta horrible circunstancia, presentando continuamente situaciones a las que deben prestar atención, e impidiendo que piensen y se permitan sentir la tristeza de la forma que elijan. Además, una vez la familia y los amigos vuelven a sus vidas, alejándose del entorno de los padres, se puede generar un efecto rebote en el que los progenitores se sientan abandonados, desesperados y perdidos, con la sensación de que se les va a caer el mundo encima.

Con esto, no queremos impedir el apoyo de la familia ni de los amigos durante estos primeros momentos tan duros, pero debemos respetar los deseos y la intimidad de los afectados, procurando servir de ayuda en lo que nos pidan de forma explícita o implícita, en lugar de en lo que creamos que podemos ayudar, especialmente si nunca hemos vivido una situación similar.

Efectos en la pareja y los hijos

En una situación tan trágica en la que fallece uno de los hijos de una pareja, es muy habitual que la atención se centre en los aspectos negativos, ya que especialmente en el caso de las familias con un único hijo, puede parecer que el proyecto de vida común se ha desmoronado. Existen parejas que tratarán de apoyarse mutuamente de forma natural, tratando de superar el duelo juntos. Sin embargo, este proceso es complicado y debemos aprender a respetar las necesidades, los ritos de despedida, los tiempos y las formas en las que nuestra pareja decida convivir con el dolor.

Un padre con su hijo

Una de nuestras prioridades debería ser tratar de evitar caer en la creencia de que a nuestra pareja no le duele, o no le importa tanto como a nosotros la pérdida de nuestro hijo o hija. Es importante entender que pueden aparecer sentimientos de culpabilidad, tanto hacia nosotros mismos como hacia nuestra pareja, ya que el rol de padres y madres implica de forma intrínseca el deber de proteger a nuestros hijos, y aunque no estuviera en nuestra mano impedir la horrible tragedia, podemos sentirlo como un fracaso.

En el caso de las parejas con más hijos, especialmente si son todavía pequeños, debemos tener mucho cuidado, intentando no descuidarlos. Nuestra labor debería centrarse en explicar la situación y observar cómo se enfrentan a la pérdida de un hermano o hermana, tratando de detectar posibles complicaciones. Sin embargo, tendríamos que prestar especial atención a no caer en el polo opuesto y descuidarnos a nosotros mismos. Si el dolor es demasiado intenso como para enfrentar la situación de forma calmada y respondiendo a las preguntas de nuestros hijos, primero necesitaríamos ocuparnos de nosotros mismos.

Acudir a un psicólogo especializado en niños es una opción totalmente válida, pero siempre como apoyo, ya que no debemos dejar que el peso de la explicación recaiga sobre otra persona, arriesgándonos a que se cree un pacto de silencio en la familia, convirtiendo el tema en un tabú que generará más dolor. Además, no debemos olvidar que nuestro círculo de apoyo estará totalmente dispuesto a encargarse de nuestros hijos de forma puntual si necesitamos privacidad en algún momento.

Factores que debemos tener en cuenta en la pérdida de un hijo

Podemos afirmar con seguridad, que cualquier pérdida de un hijo causa el mismo grado de sufrimiento en la familia, dependiendo únicamente de las características personales de los padres y madres, hermanos y hermanas y su círculo social. No obstante, los fallecimientos naturales, como los ocurridos tras un período de enfermedad pueden generar complicaciones como un gran sufrimiento, sensación de desamparo, decaimiento, apatía o distimia durante dicho periodo o pueden permitir a los padres disponer de un período en el que prepararse para el momento en el que su hijo o su hija falten.Una niña disfrutando con su perro

Por otro lado, las defunciones no naturales, especialmente en las que se vean implicadas terceras personas, pueden provocar situaciones de mayor desesperanza y sensaciones de indefensión, culpabilidad o rabia en el momento del suceso, debido a la falta de tiempo para aceptar tan horrible hecho.

Los casos más destructivos a nivel emocional suelen ser aquellos en los que los que influye la corta edad de los hijos, especialmente por la reducida tasa de mortalidad infantil de la que disfruta nuestra sociedad, pero no por ello debemos pensar que la pérdida de un hijo de mayor edad es más fácil de asumir.

¿Se puede superar la pérdida de un hijo?

Si entendemos la superación como un momento en el que deje de existir dolor o añoranza al recordar a nuestros hijos e hijas, la respuesta es sencillamente un no. La pérdida de un hijo es un hecho traumático que siempre nos acompañará. Sin embargo, si somos capaces de enfocar la superación como un proceso en el que tratemos de asumir la pérdida, centrándonos en los recuerdos y vivencias positivas, dejando el dolor a un lado y dando paso a emociones menos destructivas, entonces podremos aprender a convivir con ello.

La pérdida de un hijo o una hija no debe suponer el final del camino para una familia. Los familiares deben encontrar sus propias motivaciones e intentar perseguirlas, aceptando que lo más importante en la vida de su hijo o hija no ha sido su muerte, sino lo que han vivido, lo que han experimentado y disfrutado, los momentos que hemos compartido. Dejar de lado los pensamientos centrados en ¿Y si? o ¿Qué hubiera pasado si? es el único camino para poder convivir con el dolor sin que sea la parte principal de nuestra vida.Una madre con su hija.

Por supuesto, debemos ser capaces de respetar no solo nuestros tiempos y necesidades, sino los de la gente que nos rodea, y si lo necesitamos, no debe avergonzarnos el hecho de solicitar ayuda psicológica profesional. Si somos religiosos o espirituales, estas creencias pueden ayudarnos a lidiar con nuestra pérdida.

Desde Dopsi queremos enviar nuestro más sincero apoyo a las familias de Yéremi, Lucía, Asunta, los pequeños Bretón, Mari Luz, Tamara, Marta, Diana, Gabriel y todos los demás niños desaparecidos, fallecidos o de los que no tenemos noticias.