En anteriores episodios de este blog os hemos hablado de las relaciones de pareja, de los factores que construyen, los factores que alejan, cómo manejar la comunicación, problemas sexuales que pueden afectar, etc., incluso redactamos un artículo sobre la posibilidad de recuperar el amor en una relación romántica.
Sin embargo, nunca antes hemos hablado de cómo terminar una relación tóxica, por muy diversos motivos: de entrada, el concepto de «tóxico» no nos gusta demasiado por el empleo «a la ligera» que se utiliza habitualmente del concepto, razón por la que en Dopsi nos gusta hablar más bien de «relación disfuncional». *
*Nota: Si bien el artículo pone el foco en las relaciones románticas, los elementos y señales que se detallarán en los siguientes apartados bien podrían aplicar para relaciones de otra índole: familiar, social, etc.
En la línea de lo anterior, las relaciones son un mundo complejo y, si bien todos podemos desempeñar comportamientos disfuncionales, no por ello nuestra relación se convierte automáticamente en «disfuncional». Llama la atención el punto al que hemos llegado a día de hoy en el que necesitamos catalogar cada conducta como green flag o red flag (adecuada o inadecuada, en esencia) y todo lo que escape a ello puede parecer dañino. Aprovechamos los conceptos ingleses para haceros un friendly reminder (o recordatorio amistoso) de que no siempre es así, de que muchas veces la respuesta sigue siendo un gran «depende» y que entre el blanco y el negro en muchas ocasiones hay matices de gris. Muchos.
Así y todo, evidentemente, hay una serie de patrones que en la mayoría (insistimos en los matices) de los escenarios se pueden definir como «disfuncionales» y que nos dan pie al primer apartado de esta entrada.
¿Qué señales hay en una relación «tóxica»?
Tampoco tenemos una respuesta sencilla para esto, pero hay algunas claves que nos pueden ayudar a identificar patrones disfuncionales de comportamiento en la relación. Por ejemplo:
- Cuando hay un conflicto, mi pareja huye. Una cosa es el espacio (todos podemos necesitarlo en un momento dado) y otra cosa es una bomba de humo. Si ésta es la tendencia habitual, no es una muy buena señal.
- Me hace luz de gas (gaslighting). Yo detecto cosas que no me gustan/convencen, pero cuando intento trasladárselas parece que son invenciones mías, exageraciones o, en el peor de los escenarios «eso nunca ha pasado». Cuidado.
- Me habla mal/humilla. Una relación es un equipo de iguales, por lo que en el momento en que uno empieza a quedar por debajo por acción del otro, entramos en un juego peligroso.
- Controla mis movimientos/relaciones con otros/as. El mecanismo de control va asociado con la inseguridad, pero del otro. No es tu responsabilidad (en principio) que la otra parte se sienta insegura por cosas que le hayan podido suceder, por lo que cuidado con reforzar ciertas conductas limitantes con el objetivo de «proteger» al otro.
- No es claro/a con respecto a lo que busca conmigo. Las conversaciones incómodas son parte de las relaciones. Si no puedes hablar de vuestro vínculo con tu «pareja», algo pasa.
- No soy una prioridad. Y no es necesario pasar 24/7 con tu pareja para serlo, pero es un tanto problemático que no sientas que hay un tiempo pensado/buscado para ti.
Estas son seis de las muchas pistas que podríamos encontrar para empezar a sospechar de que hay cosas que no funcionan del todo bien en una relación sentimental, de amistad o familiar, sobre todo cuando tenemos más de una sobre la mesa. Llegados a ese punto, es posible que hayamos establecido una cierta dinámica de «enganche» de la que nos resulte un poco complicado salir, por lo que el primer punto es darnos cuenta de que la relación nos supone más malestar que lo que nos repercute de forma positiva. A partir de ahí, se trata de encontrar la forma de romper con la dinámica.

Entonces, ¿Cómo puedo salir de una relación «tóxica»?
El proceso no siempre es fácil porque, como mencionábamos en el párrafo anterior, el reforzamiento intermitente (ese sistema de «premio» alternante por el que nunca sé cuándo voy a tener algo positivo, pero saber que esa posibilidad existe me mantiene al filo de lo imposible) habrá hecho su función y me costará desvincularme del otro.
Por tanto, te damos una serie de ideas que pueden ayudarte a afrontar la situación:
- Comenta tu decisión con alguien de confianza. Déjate arropar y observa cómo haber compartido ese cambio de perspectiva con alguien de tu entorno ayuda a darle solidez a ese cambio que pretendes hacer.
- Comunica de manera asertiva el fin del vínculo. Incluso aunque haya habido episodios duros para ti, se trata de que gestiones la situación de forma que, cuando mires atrás, te sientas tranquilo/a con tu ejecución.
- Rompe el contacto. Aunque sea de forma provisional, tener información directa (seguir viéndola/o) o indirecta (redes sociales) te dificultará el proceso de desvinculación. No tiene por qué ser para siempre, pero probablemente lo necesites (al menos, al inicio).
- Apóyate en tu entorno para consolidar la decisión tomada y sostenerla en el tiempo.
- Busca ayuda profesional. Sobre todo si las heridas de la relación han podido afectarte a nivel de confianza, autoestima y estabilidad emocional, para que puedas recuperarte de la manera más ágil posible. Si nos necesitas, estamos aquí.
