Un niño motivado

¿Por qué nos desmotivamos y cómo podemos recuperar la motivación?

Si bien anteriormente hemos hablado de Maslow y su famosa pirámide, así como también de la diferencia entre motivación intrínseca y extrínseca, volveremos a recurrir a ellos para poder contextualizar este artículo.

Para empezar, debemos señalar que la motivación, según la Real Academia de la Lengua Española, es “algo que anima a una persona a actuar o hacer algo”.

La definición dentro de la psicología no se separa demasiado, pues podríamos decir que la motivación es un impulso que se pone en marcha para lograr un objetivo previamente determinado.

Este objetivo (o varios objetivos) suele ir ligado a una necesidad existente en la persona. Aquí es donde entra Abraham Maslow con su pirámide de necesidades, señaladas nivel a nivel: necesidades fisiológicas básicas, seguridad, afiliación, reconocimiento y autorrealización.

Según Maslow, no es posible pasar a un nivel sin haber satisfecho el inmediatamente anterior, lo que de alguna forma se puede suponer como un empuje motivacional en busca de una mejora en las condiciones de vida, sociales y a título individual de la persona.

Esto implica que diferentes necesidades (que irán surgiendo a medida que la persona avanza en su crecimiento y desarrollo personal) deberán satisfacerse progresivamente hasta llegar al punto final.

Sin embargo, cabe destacar que el recorrido hacia la autorrealización puede no ser lineal (de hecho, es poco probable que así sea), sino que puede haber oscilaciones y descensos-ascensos entre niveles hasta alcanzarla. Incluso, sería posible haber llegado a la autorrealización y, si las circunstancias vitales o personales se vieran afectadas, volver algún (o algunos) nivel atrás.

¿Por qué nos desmotivamos?

Con frecuencia, aunque tenemos unos objetivos bastante claros, en un momento dado empieza a faltarnos ese impulso para ponernos en marcha y poder alcanzarlos.

Esto puede deberse a múltiples razones, por lo que vamos a introducir la diferencia entre motivación extrínseca e intrínseca.

Veámoslo con un ejemplo sencillo: un niño “A” estudia para aprobar todas las asignaturas porque sus padres le han prometido un videojuego si así lo hace. Por otro lado, un niño “B” estudia porque el proceso de aprender le resulta agradable, una recompensa en sí misma.

El niño “A” es la representación más fácil de lo que conocemos como motivación extrínseca o, dicho de otro modo, el llevar a cabo (o no) una acción en base a las consecuencias esperadas a raíz de la misma.Una niña motivada con alas de cartón

No obstante, cuando hablamos de motivación intrínseca nos referimos a llevar a cabo una acción por el placer/recompensa/beneficio que dicha acción supone en sí.

La cuestión es que ambos tipos de motivación podrían coexistir, pero en la sociedad actual solemos enfocar nuestra atención de forma mucho más señalada hacia los resultados que hacia el proceso, por lo que es bastante probable que, una vez alcanzado nuestro objetivo nos quedemos con la sensación de: “¿Y ya está?”, debido a que no hemos atendido en absoluto a cómo hemos llegado hasta la meta.

Nos movemos como autómatas, de forma rutinaria, algo que también desgasta nuestra creatividad y ese pequeño impulso que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos.

Además, vivimos con cierta presión externa para lograr cosas que, quizá, no deseamos (o no en el momento en que se nos plantean como supuestamente necesarias): “cómprate un coche mejor”, “¿aún vives de alquiler?”, “¿piensas ir a la universidad?”, “¿para cuándo el niño?”

Todo esto contribuye a un desgaste emocional que, de forma constante, puede influir en nuestro interés por iniciar actividades nuevas, además de afectar a nuestra capacidad de planificación y organización de las mismas.

Y si, a este conjunto, le sumamos a todo esto algún tipo de dificultad emocional (como un duelo, una separación o cualquier proceso que suponga una adaptación a un cambio), nuestra habilidad para sentirnos motivados para iniciar cualquier actividad se verá bastante alterada.

¿Cómo podemos recuperar la motivación?

Teniendo en cuenta que el déficit de motivación puede deberse a cuestiones muy diversas, y que en algunos casos sería recomendable contar con ayuda profesional, te brindamos una serie de recomendaciones para que puedas empezar a trabajarla:

  1. Aprovecha tus fortalezas. Si te está costando sentirte motivado/a, es mejor que empieces a realizar actividades que sabes que puedes dominar, ya que nuestro último interés sería que volvieras a desmotivarte.Una mujer que ha vencido a la desmotivación

Apóyate en lo que conoces y ve subiendo progresivamente el nivel, para que siempre haya un cierto nivel de reto.

  1. Estructura tu objetivo en pequeños pasos. Toda actividad puede dividirse en niveles más pequeños como, por ejemplo, tocar la guitarra (primero aprender los acordes, luego a rasgar, melodías sencillas, melodías más complejas…). Si mi objetivo es aprender a tocar la guitarra perfectamente de una sentada, probablemente terminaré más que desmotivado.
  2. Mejor avanzar por objetivos que por tiempos. Es preferible que te exijas “un poquito más” cuando hayas asentado el nivel inmediatamente inferior, y no en base a un tiempo preestablecido (recuerda que no eres un robot, por lo que pueden suceder cosas en la cotidianeidad que alteren tu planificación).
  3. Metas realistas. Márcate como objetivo final aquel que pienses que (con esfuerzo, claro) vas a poder alcanzar, ¡De nada sirve que me ponga por objetivo llegar a ser un/a atleta olímpico/a si hago el entrenamiento diario desde el sofá!
  4. Ajusta tu objetivo a una necesidad “real”. Esforzarte por un objetivo que no responder a una necesidad tuya, no te va a reportar un mayor bienestar. Es importante que te escuches, te conozcas y busques ese impulso en la dirección de aquello que verdaderamente deseas lograr.
  5. Busca el equilibrio. Por “místico” que pueda sonar, traducido a la psicología hablamos de un balance de costes y beneficios, por lo que debo intentar compensar aquellas cosas que me suponen un “desgaste” en el camino hacia mi objetivo, con aquellas que me suponen una “ventaja”.

Y, sobre todo, recuerda buscar todos aquellos recursos que te permiten consolidar tus avances.

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