Unos huevos representando el efecto backfire

El efecto backfire.

El efecto Backfire, que podríamos traducir de forma bastante idónea como un tiro por la culata es un sesgo cognitivo que puede parecernos desconocido, pero todos hemos podido experimentar en algún momento de nuestras vidas. A nivel psicológico, este efecto resulta muy llamativo.

Si nos paramos a pensar en las discusiones o los debates que podamos recordar, especialmente los televisivos, llegaremos a la conclusión de que los asistentes parecen no ponerse de acuerdo nunca, a pesar de que una postura parezca más lógica o tenga mayor cantidad de argumentos que la respalden. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué no prestamos atención a los argumentos de los demás? La respuesta está al comienzo de este post: El efecto Backfire.

¿Qué es el efecto Backfire?

Este efecto se produce cuando tratamos de cambiar creencias muy arraigadas en los demás. En esencia, cuando tratamos de discutir sobre un tema que una persona considera muy importante, dogmático o esencial, nuestros argumentos parecen rebotar contra dichas creencias, provocando que la persona se sienta atacada e ignore nuestros argumentos, cambie de tema o nos ataque directamente.

Debemos entender que nuestras creencias se encuentran ordenadas en nuestra mente en base a la importancia que les demos. Si discutimos sobre una determinada jugada con un aficionado de un equipo de fútbol profesional, por ejemplo sobre la validez de un fuera de juego que cree que ha sido pitado de forma injusta, nuestra primera reacción será la de dar argumentos lógicos utilizando las pruebas objetivas de las que dispongamos. Podemos utilizar las imágenes que nos ofrecen las cámaras, el VAR, etc. Sin embargo, si discutimos con un aficionado que considera que su equipo de fútbol es una parte esencial de su vida y desea fervientemente que gane, probablemente nos encontraremos respuestas basadas en percepciones subjetivas o falacias: “El árbitro está comprado”, “No se ve bien en la cámara” o “El VAR no es fiable”.El funcionamiento del efecto backfire

Debemos entender que el efecto Backfire es dependiente de nuestras creencias más básicas o arraigadas, pero estas pueden no ser siempre estables. Si volvemos a discutir la jugada del ejemplo anterior con el mismo aficionado en otro momento, puede que sus circunstancias  hayan cambiado y le de menor importancia. Sin embargo, si tratamos de discutir con él sobre una creencia básica, como puede ser la duración de los días o el color del cielo, siempre nos encontraremos con la misma respuesta.

Cuando alguien trata de argumentar en contra de nuestras creencias más básicas, sentimos que ataca nuestra forma de ser, por lo que reaccionamos de forma negativa. Sin embargo, si discutimos sobre algo de poca importancia, como si nos gusta una determinada serie de televisión, somos más propensos a escuchar e intercambiar opiniones de forma positiva.

¿En qué se diferencia de otras falacias?

El efecto Backfire no es una falacia en sí mismo, pero puede llegar a hacer uso de ellas. A menudo, la reacción lógica a un ataque personal es otro ataque. La mayoría de falacias constituyen precisamente eso, un ataque a la persona o sus argumentos tratando de desmontarlos sin rebatirlos. Algunos ejemplos típicos son:

Las falacias ad ignorantiam asumen la veracidad de un hecho por la simple razón de que no se puede demostrar su falsedad. “Mi coche puede volar, pero no tiene instalado el botón”.

Las falacias post hoc ergo propter hoc, a pesar de la dificultad de su nombre, son muy sencillas. Se basan en que si un fenómeno ocurre después de otro, el segundo debe ser consecuencia del primero sin aportar evidencia. “He llegado a tiempo al autobús, hoy voy a tener suerte”.

En el caso de las falacias ad hominem, el recurso para invalidar un argumento se traduce en un ataque directo a las características del contrario. “No sabes de fútbol, eres mujer”.

Por tanto, debemos permanecer atentos a este tipo de argumentaciones cuando debamos discutir sobre un tema básico para alguien, puesto que pueden ser indicativos de que esa persona está experimentando el efecto Backfire.

¿Cómo podemos combatir el efecto Backfire?

La respuesta más sencilla sería asumir que es imposible combatir este efecto, ya que una vez comienza, es muy complicado revertirlo. Prácticamente todos habremos experimentado este efecto en una discusión de pareja, en la que al final acabamos dándonos por vencidos debido a la cabezonería de nuestra pareja. Sin embargo, debemos entender que no se trata únicamente de cabezonería, la otra persona lo siente como un ataque.Unos jugadores de fútbol americano enfrentados

Si comprendemos esta premisa estamos un paso más cerca de combatir este tedioso efecto. La mejor manera de hacerlo es impedir que comience. En el ejemplo anterior, si en lugar de comenzar una discusión con nuestra pareja con argumentos tipo “Eres de tal forma” o “Siempre haces tal cosa”, que inducen a pensar que se trata de una característica consistente y estable de su personalidad, empezamos la discusión con una pequeña introducción sobre el tema o mostramos nuestros sentimientos de forma más dulce, como por ejemplo “El otro día hiciste tal cosa y me molestó” o “Sé que (no) eres así, pero me gustaría que tal cosa no se repitiera porque me hizo sentir de tal manera”, impediremos que nuestra pareja se sienta atacada, por lo que este efecto no necesitará activarse.

Estas premisas se pueden aplicar a cualquier situación, por lo que podemos concluir que la forma más sencilla y efectiva de combatir este molesto efecto es la empatía, que puede conseguir que evitemos situaciones en las que nos comportemos de forma estúpida.

Si queréis saber un poco más sobre este efecto os dejamos un podcast en inglés que os aclarará mucho sobre el tema.