Efectos del divorcio en los hijos.

Desde hace ya unas décadas, nuestro país ha experimentado un cambio cultural bastante acusado y hemos comenzado a modernizarnos. Uno de los efectos más marcados y predominantes se ha dado la concepción de la pareja, el divorcio y la familia. Durante los primeros años tras la instauración de la democracia, nuestra sociedad todavía seguía anclada en una concepción tradicional sobre el matrimonio y su duración.

Actualmente esto ya no es así. Han aparecido nuevos tipos de pareja y familia, entre las que destacan las familias monoparentales y  las parejas del mismo género. Sin embargo, unido a este cambio cultural, también se ha visto reducida la duración de los matrimonios. Según el INE, durante el segundo trimestre de 2017, se presentaron 3646 demandas de disolución matrimonial (separaciones y divorcios).

Esta tendencia al alza se nutre de la modernización cultural, pero la facilidad de acceso a este trámite ha conseguido que muchas parejas que atraviesan momentos difíciles opten por el divorcio. Esto conlleva que en muchos casos, el proceso es rápido y a veces tormentoso debido a que no existe un período de tiempo de preparación para la nueva situación. A quien más afectan estos cambios es, desgraciadamente, a los más pequeños.

Efectos del divorcio en nuestros hijos según su edad.

A continuación explicaremos los efectos negativos más comunes de un proceso de divorcio en diferentes grupos de edad. Cabe resaltar que no todos los menores experimentarán todos estos síntomas o problemas, y en muchos casos podrán ser evitados o reducidos con una buena actuación paterna.

En adolescentes es habitual que surjan sentimientos de miedo, soledad y culpabilidad, puesto que a esta edad se encuentran más integrados en los pormenores del núcleo familiar y por tanto, conocen  la situación de sus padres mejor que los más pequeños. Es habitual que durante el proceso de divorcio sientan la necesidad de proteger y ocuparse de sus hermanos o hermanas menores, lo que puede desencadenar que sientan una responsabilidad mayor y en muchas ocasiones se sientan causantes de sus problemas o dificultades.

A lo mencionado anteriormente, se suman los conflictos propios de esta época de cambio, incrementando el riesgo de un consumo excesivo de drogas legales como el alcohol o ilegales, conductas delictivas y de vinculación a relaciones sentimentales poco estables, con una marcada dependencia emocional. A menudo las relaciones con sus compañeros y amigos se complican, pudiendo desencadenar casos de bullying, y se vuelve más complicado resolver conflictos mediante el diálogo. No es raro encontrar conductas de reproche ante los progenitores, baja autoestima y baja tolerancia a la frustración.

Cabe destacar que los adolescentes son el único grupo que puede presentar estos síntomas de forma retardada, hasta más de un año y medio después del divorcio, y por esta razón no deberíamos descuidar nuestra atención hacia sus necesidades y preocupaciones.

En niños de entre 7 y 12 años el sentimiento más habitual es el de desconcierto y preocupación ante la incapacidad de reaccionar a la nueva situación y el dolor que desencadena en ellos. Es muy habitual que aparezcan conductas con el objetivo de volver a reunir a sus padres y a su familia para volver a la situación anterior, que les resultaba cómoda y conocida. La externalización de los sentimientos se vuelve más común debido a que ya disponen de un vocabulario avanzado, lo que lleva a reproches, manipulación y menosprecio de uno o los dos progenitores con el mismo objetivo, que la familia vuelva a unirse.

A esta edad les resulta complicado aceptar la realidad del divorcio y pueden creer que es su responsabilidad, generando conductas de riesgo similares a las de los adolescentes como baja autoestima, bajo rendimiento o incluso fracaso escolar, dificultades relacionales y baja tolerancia a la frustración.

En este rango de edad es posible que exista una idealización de uno de los progenitores mientras aparecen sentimientos y conductas negativas hacia el otro, habitualmente el que perciben como responsable de la decisión.

En el caso de los niños de entre 2 y 6 años es importante entender que su capacidad cognitiva todavía está poco desarrollada, por lo que habitualmente se centran en atribuciones poco lógicas o sin base, habitualmente centradas en ellos, por lo que suelen creer que la causa del divorcio es su conducta (pensamiento mágico). Es común la aparición de sentimientos de culpa, rabietas, necesidad patológica de atención y ansiedad por separación.

Efectos del divorcio en los hijos.

En los niños más pequeños pueden aparecer conductas regresivas, como orinar en la cama, chuparse el dedo, dejar de hablar o dormir con los padres. Además, sus patrones de sueño y de alimentación pueden verse alterados y suelen presentar dolencias o quejas no justificadas, como dolor de estómago o jaquecas.

Los menores de este rango de edad suelen presentar muchos problemas a corto plazo por su patrón de pensamiento, pero habitualmente son los que mejor pronóstico tienen ya que a largo plazo se acostumbran a la nueva situación y olvidan la anterior.

El Síndrome de Alienación Parental (SAP).

Se trata de un término acuñado por R. Gardner en 1985 para describir una conducta injustificada, generalizada y permanente de denigración y devaluación de uno de los progenitores (comúnmente el padre en parejas heterosexuales), habitualmente evitando de forma activa el contacto y de forma paralela a una idealización del otro progenitor.

Aunque esta teoría no cuenta con el apoyo de la comunidad científica y no ha sido incluida en la última revisión del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) de la Asociación Americana de Psiquiatría, estas conductas son relativamente habituales, y normalmente es complicado atajarlas debido a que el progenitor idealizado las alimenta de forma consciente o inconsciente.

Como psicólogos en Valencia hemos decidido incluir el SAP debido a que creemos que esta información puede resultar de utilidad a los lectores y lectoras que se encuentren en un proceso de divorcio, pero no apoyamos la concepción misógina del concepto, ya que este supuesto síndrome parte de la premisa de que la madre es la parte manipuladora y el padre la parte sana.

Cómo actuar con los menores en caso de divorcio.

Como hemos visto, uno de los principales problemas de los menores suele manifestarse como un sentimiento de culpabilidad profunda, por lo que atendiendo a las características de cada caso y de cada menor, siempre deberíamos tratar de explicarles de forma adecuada, tratado de no culpabilizarnos a nosotros mismos ni al otro, las causas del divorcio y aclararles que ellos no son responsables ni causantes del mismo.

Además, conviene mantener un proyecto educativo conjunto y tratar de mantener una imagen de unidad en las decisiones que tengan que ver con los menores, intentando separarlas de los problemas de pareja que llevaron a la ruptura del matrimonio.

Deberíamos evitar ganarnos el favor de nuestros hijos mediante regalos materiales y nunca hablar mal o socavar la autoridad del otro frente a ellos. Las discusiones parentales o de ex pareja deberían mantenerse fuera del alcance de los niños.

En la medida de lo posible, conviene mantener de forma más o menos habitual reuniones con los niños para aclarar las decisiones tomadas por ambos progenitores sobre su futuro, y si la situación lo permite, es de gran ayuda para los niños que los dos progenitores muestren una imagen de unidad durante estas reuniones, y que dediquen de forma conjunta un tiempo a interesarse por sus intereses, actividades, amigos y rendimiento escolar.

Es importante que si existen nuevas  parejas, estas apoyen las decisiones de los padres y no les contradigan ni se vean forzadas a sustituir o reemplazar una de las figuras paternas. Además, las decisiones educativas y las normas deberán ser muy similares o iguales en ambos entornos. Entendemos que la situación de las nuevas parejas es complicada, así que si tenéis dudas podéis leer más aquí: Terapia de familia. El papel de mi pareja.Efectos del divorcio en los hijos.

En cuanto a la custodia, lo único que podemos decir es que la decisión dependerá de la situación particular de cada familia y la vinculación hacia los progenitores, pero excepto en casos de violencia, abandono o maltrato, no conviene separar a los menores de ninguno de los padres, ya sea mediante una custodia compartida o un régimen de visitas. En este último caso, el progenitor que no tenga la custodia deberá mantener el interés y una participación activa en la educación, la rutina y las actividades de los niños.

En el supuesto de que uno de los progenitores aporte una influencia negativa, los adultos deberían tratar de solventar dicho problema entre ellos o mediante la ayuda de terapia de pareja o terapia de familia incluso estando divorciados.

Esperamos que este artículo os sirva de ayuda y como siempre, estaremos encantados de atenderos si tenéis cualquier problema de esta índole.

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