Una imagen que representa el ciclo del maltrato

El pasado 2017 fue un año duro para España, especialmente en lo que respecta a lo que llamamos ciclo del maltrato, ya que se registró un aumento de víctimas mortales por causa de violencia de género, pese a que en nuestro país se ha modificado notablemente la legislación con respecto a décadas anteriores, existiendo una mayor atención hacia la mujer que sufre maltrato (aunque a decir verdad, sobre todo a nivel físico).

No obstante, estas medidas a día de hoy parecen no ser suficientes.

En nuestra publicación sobre el maltrato psicológico y físico explicamos algunos conceptos básicos en el campo del maltrato, como son la agresión y la violencia, y las diferencias en su nivel físico y psicológico, sin hacer distinción entre hombre y mujer como agresor/víctima.

Quedó pendiente una explicación detallada sobre algo que es muy característico del maltrato (tanto físico como psicológico): la propia secuencia que se genera en las relaciones de pareja en las que se da. Así pues, llegamos a la aparición sistemática de una serie de fases que se repiten cada cierto periodo y que atrapan ineludiblemente a la víctima en un ciclo del que no resulta sencillo salir.

¿En qué se basa el ciclo del maltrato?

El ciclo del maltrato se apoya en las características de personalidad y de funcionamiento de ambos miembros de la relación, de manera que solemos encontrar un agresor que necesita dominar y una víctima que acepta ser dominada.

El control sobre la pareja se ejerce de forma paulatina y progresiva, de forma que la víctima no suele ser consciente de que está entrando en una dinámica de maltrato en la relación.

Tras el impulso de dominar y controlar a la pareja, se esconde un alto nivel de inseguridad y una baja autoestima (que, con mucha frecuencia llevan a la aparición de celos), junto con un bajo control de impulsos y bajo nivel de regulación emocional.

En esta tesitura, cualquier detalle que escape a la aceptación (ni tan siquiera comprensión) del agresor, puede llevar a consecuencias físicas y/o psicológicas para la víctima (ej. No salir de casa, gritos, empujones, agresión sexual, insultos, etc.)

Con respecto a la víctima, también encontramos con frecuencia un componente de baja autoestima, aunque es mucho más capaz de regularse a nivel emocional.

No obstante, el impedimento que encontramos en este punto para romper el ciclo tiene que ver con el miedo, debido a que las víctimas suelen sufrir amenazas de todo tipo: contra sí mismas, amigos, familiares, etc.

Además, la inmersión en el ciclo de la violencia atraviesa necesariamente un periodo de aislamiento de la víctima, en el que se trata de “poner a todo el mundo en su contra” o “ponerla en contra de todo el mundo”. Así, el agresor se convierte en “el único apoyo, el único que la quiere, el único que está para ella de verdad…”

¿Cómo se da el ciclo del maltrato?

El ciclo del maltrato se produce en un orden que engloba las siguientes tres fases: acumulación de tensión, explosión y luna de miel.

Fase 1: Acumulación de tensión. En esta fase, el agresor se encuentra en una fluctuación constante de su estado de humor, que genera una inmensa ansiedad e incertidumbre en la víctima.

El agresor encuentra motivos para criticar y reaccionar de forma negativa ante cualquier evento que inicie o ponga en práctica la víctima, de manera que ésta trata de calmar y apaciguar al agresor de todas las formas posibles, sin encontrar ninguna que le resulte verdaderamente exitosa.Una mujer maltratada

Sin embargo, en ocasiones funcionan, de manera que la conducta de la víctima se modifica a partir de refuerzo intermitente (a veces hay premio, a veces no), algo que funciona muy bien cuando queremos modificar algún patrón de conducta en niños y adolescentes.

Del mismo modo funciona en adultos, ya que somos conscientes de que seremos recompensados en algún momento, pero no sabemos cuándo, razón por la que preservamos nuestros intentos de agradar al otro (en este caso) y tratar de calmarlo.

Este tipo de conductas por parte del agresor tienen el objetivo de marcar el control sobre la víctima, de manera que si no percibe que está bajo el punto que el propio agresor considera adecuado, aumentará el nivel de las agresiones hasta conseguir dicho objetivo (insultos, empujones, amenazas, etc.)

Si con este segundo nivel consigue su objetivo, nos mantendremos en una extensión de esta primera fase. Si no, llegaremos a la siguiente.

Fase 2: Explosión. Esta fase tiene por objetivo modificar de forma drástica la conducta de la víctima “dándole una lección”.

En ella se hace uso del maltrato físico, psicológico y/o sexual, pudiendo dejar secuelas a nivel físico (marcas en rostro o cuerpo) o psicológico (impacto emocional, aumento del temor, ansiedad, depresión, etc.)

Esta fase tiene una duración menor que la primera, y es un momento en que la víctima toma conciencia de su situación. Se plantea el tipo de relación establecida y también pedir ayuda, aunque no siempre llega a hacerlo.

Recordemos que el agresor se ha encargado de aislar a la víctima, por lo que su baja autoestima y su falta de confianza en sí y los demás, dificultan esta búsqueda de apoyo social (y/o judicial).

Además, el agresor jura querer a la víctima y actuar así por amor, ¿no?

Fase 3: Luna de miel. La viva expresión del refuerzo positivo. El agresor modifica radicalmente su conducta hasta convertirse en el hombre/mujer perfecto/a del que la víctima se enamoró.

De esta forma, se consigue que la víctima vuelva a confiar en la relación y, durante un tiempo, el agresor crea que la víctima ya ha aprendido la lección y no necesita ser castigada de nuevo.

En este punto, cualquier planteamiento que la víctima hubiese iniciado con respecto a la terminación de la relación o a la búsqueda de ayuda, quedan casi totalmente anulados.

Esta fase dura hasta que el agresor vuelve a sentir que la víctima escapa a su control o que su comportamiento no encaja en el patrón de conductas que puede aceptar, momento en el que vuelve a comenzar el cúmulo de tensión.

Cabe mencionar que estas fases cada vez suceden de forma más rápida, existiendo una menor duración también de la primera y la última.

¿Cómo podemos trabajar el ciclo del maltrato?

El abordaje terapéutico del ciclo del maltrato se puede realizar de múltiples formas, siendo particularmente efectivo el trabajo individual con el agresor (por un lado) y la víctima (por otro).

El agresor puede cambiar su patrón de conducta si lo desea, pero debe ser consciente de cómo afecta su forma de actuar a su pareja (trabajo de la empatía cognitiva y emocional) y de reconocer su propia vulnerabilidad como factor subyacente al maltrato.Un hombre maltratado

A menudo los/as maltratadores/as han sido víctimas de maltrato, de forma que este tipo de relación es la que han vivido y han aprendido a mantener y perpetuar.

No obstante, de igual modo que pueden superarse otro tipo de dificultades a nivel emocional y conductual, se puede reaprender a vivir en pareja de forma saludable, aunque requiera una inversión de tiempo y esfuerzo notable por parte de los agresores.

Con respecto a las víctimas, es importante facilitar un apoyo psicológico de aceptación y de evitación del juicio, especialmente en este ámbito de actuación profesional.

Recordemos que la persona está y/o se siente sola, por lo que es importante acoger su sufrimiento sin empujarla en ninguna dirección (no invitar a continuar o romper la relación, sino sostener la necesidad emergente).

Resulta fundamental que nos convirtamos en el sostén emocional que la víctima necesita, de manera que pueda volver a confiar y a replantearse de forma autónoma la existencia de otras formas de vinculación más saludables.

Debemos ser conscientes de las limitaciones de cada relación y del tipo de violencia más frecuente en cada una de ellas, e ir dotando de recursos a la víctima a medida que esté dispuesta a integrarlos en su funcionamiento cotidiano.

Si agresor y víctima comienzan un proceso terapéutico en un periodo similar, existe la posibilidad de reunirlos en un proceso conjunto de terapia psicológica una vez se hayan asentado algunos de los cambios críticos para garantizar la seguridad de la relación (sobre todo de la víctima), y una vez el poder de la propia relación se haya reestablecido de una forma más equitativa entre ambos miembros.

Si necesitas atención psicológica en relación con este tema, no dudes en contactarnos.

También puedes contactar al 016 (teléfono de la mujer) o en situación de emergencia al 091 (policía). No estás solo/a.