Ramo de flores rojas sobre el mármol de un panteón

Para la psicología, un proceso de duelo es una reacción normal y esperable ante una pérdida. A pesar de que mucha gente cree que se trata únicamente de un proceso de adaptación emocional, el duelo afecta también al estado físico, la conducta y los pensamientos, tanto de forma directa como indirecta. El duelo común no patológico suele durar entre uno y seis meses, pudiendo llegar a extenderse algo más en caso de ser relativo a una pérdida muy cercana.

Una de las características más conocidas de este proceso es que suele dividirse en fases. Según el modelo que postuló la doctora Elisabeth Kübler-Ross, existen cinco fases por las que cualquiera debería pasar antes de superar un proceso de duelo, sin embargo no siempre tienen por qué darse todas ellas, ni tampoco en el orden que propone:

  • Fase de negación: La fase más conocida, suele ser la primera reacción ante una pérdida.

“No me lo puedo creer.” “Esto no puede estar pasando…”

  • Fase de enfado o indiferencia: Suele predominar la búsqueda de culpables o la actitud de desdén.

“Sabía que no tenía que haberle dejado ir.” “Es culpa de…”

  • Fase de negociación: Destaca la persecución de una solución a la pérdida. Se suele recurrir a creencias religiosas.

“Ojalá pudiera volver atrás, cambiaría…” “Si hubiese salido un par de minutos más tarde…”

  • Fase de dolor: Se experimenta un intenso dolor emocional, pudiendo incluso mostrar síntomas de depresión.

“No quiero salir de la cama.” “Me quiero morir.”

  • Fase de aceptación: Es la última fase en la superación del duelo. Supone adaptarse a la pérdida y dejar a un lado el dolor.

“Nunca lo olvidaré, pero entiendo que debo dejar de sentirme culpable.” “Es hora de rehacer mi vida.”

Es importante entender que conocer estas fases no supone ser capaz de tratar o solucionar el problema de una persona que esté sufriendo una complicación en su proceso de duelo ni es conveniente obligar a dicha persona a “avanzar”. El duelo es un proceso que puede durar mucho tiempo y cada persona lo experimenta de una manera diferente.

Existen varias categorías respecto a cómo puede complicarse un duelo atendiendo a sus características diferenciales, siendo todos clasificados como duelos patológicos:

  • El duelo crónico se caracteriza por mantener un estado depresivo y preocupación exagerada por la pérdida durante largo tiempo, comúnmente años.
  • El duelo pospuesto o retrasado comienza con una pequeña experimentación del proceso de duelo normal, haciendo que parezca que el duelo se ha superado rápidamente. Sin embargo, cuando otro acontecimiento recuerda la pérdida se experimenta un gran dolor.
  • Se denomina duelo exagerado cuando se observan fuertes conductas de evitación del dolor, como las drogas, el deporte o el trabajo exagerados. Generalmente la persona puede entender que está tratando de evitar afrontar la pérdida, pero no es capaz de lidiar con ella.
  • El duelo enmascarado tiene como principal característica la aparición de problemas o dolencias que tienen que ver con el proceso de duelo pero no suelen atribuirse a ello. Es común que aparezcan problemas de ansiedad, de sueño o incluso relacionados con la causa de muerte del fallecido.

A la hora de afrontar un duelo, la mejor estrategia es dejar que nosotros mismos seamos la guía, no forzarse a superarlo cuando no estamos preparados y no apoyarnos en conductas tóxicas, sino en nuestro círculo social y familiar cercano, y en caso de enfrentarnos a un duelo patológico, contar con un psicólogo que nos ayude a encontrar la solución.