Una persona experimentando tristeza y con ideas de suicidio.

Una de las dificultades más grandes que nos encontramos a día de hoy los profesionales del ámbito de la salud tiene que ver con el inmenso trabajo que se está realizando ya y que aún queda por avanzar en el terreno del suicidio.

Actualmente, el suicidio representa en nuestro país la primera causa de muerte no natural, por encima de los accidentes de tráfico.

El acto en que una persona provoca deliberadamente su muerte afecta en España a más hombres que mujeres, aunque un mayor número de mujeres intenta quitarse la vida respecto al número de hombres.

Con frecuencia, las diferencias en el resultado tienen más que ver con el método que se emplea para terminar con la vida (los hombres suelen utilizar métodos más violentos, de difícil reversión).

¿Por qué se elige el suicidio?

El suicidio suele ser el destino final de un largo recorrido de sufrimiento de una persona. No es una decisión que se tome de forma impulsiva, sino todo lo contrario: a menudo nos encontramos con intentos de suicidio en pacientes hombres y mujeres que lo que pretenden realmente es ser vistos por alguien, que alguien pueda ser capaz de reconocer su dolor y tratar de ayudarles a salir de esa espiral de angustia y desasosiego.

Existe toda una serie de factores que, de alguna manera, pueden convertirse en predisponentes de la conducta suicida.

Por ejemplo, numerosos estudios han encontrado que la presencia de un trastorno mental como la depresión mayor, el trastorno bipolar, el trastorno límite de la personalidad o la esquizofrenia puede ser un factor de vulnerabilidad en este ámbito.

De igual modo, muchas personas que cometen actos suicidas eran consumidores habituales de alcohol o drogas.

También como factores de vulnerabilidad, podemos situar cambios vitales importantes (la pérdida de una familiar, un divorcio), situaciones de estrés agudo y prolongado en el tiempo, problemas económicos, la pérdida de empleo, etc.

Todos estos elementos tienen, en principio, una duración determinada en el tiempo y la mayor parte de las personas consigue adaptarse a ellos. Sin embargo, no todas las personas cuentan con recursos emocionales y cognitivos, sociales o económico para poder ajustarse de la manera más adecuada para sí mismos.

No podemos olvidarnos, como psicólogos en Valencia, de un factor de vulnerabilidad fundamental: la cognición y la emoción del paciente.

La forma en que procesamos la información (¿es esto un reto o una amenaza?) y cómo sentimos las cosas que nos ocurren y vivimos, nos hacen interactuar de una manera determinada con nuestro entorno.

De esta manera, las personas con más baja autoestima, con menos apoyo social, que se sienten rechazadas, perdidas o solas, que no creen que nadie pueda realmente ayudarlas, que creen que pueden resultar molestas para los otros y que los demás están mejor sin ellas, son más proclives al pensamiento suicida.

¿Cómo prevenimos el suicidio?

Llegados a este punto, conviene establecer una diferenciación entre la ideación suicida y la conducta suicida.

La ideación suicida hace referencia a pensamientos, ideas o planteamientos sobre el suicidio que una persona pueda tener en un momento o periodo determinado.

Pero es importante que tengamos en cuenta que la ideación suicida no siempre conduce a una conducta suicida.

Las pastillas se utilizan comúnmente en el suicidio.

Aun así, la ideación suicida (que puede ser evaluada no solo a través de entrevistas con un paciente, en las que se puede preguntar explícitamente por este tema, sino a través de cuestionarios psicométricos) puede ser una señal de alarma para el profesional de la salud a la hora de detectar un posible intento de suicidio.

Dicho de otra forma, la ideación suicida puede convertirse en la puerta de entrada al sufrimiento de la persona y, de igual modo, a la búsqueda de una solución para su amargura.

En la actualidad existen programas para la prevención del suicidio en la gran mayoría de países desarrollados, debido a la gran incidencia que encontramos en la población.

Trastornos mentales

En primer lugar, debemos evaluar si, como comentábamos en el apartado anterior, contamos con la presencia de algún trastorno mental que se pueda convertir en un factor predisponente al suicidio.

En esos casos, debemos buscar el tratamiento más adecuado para dicho trastorno, así como ofrecer el apoyo terapéutico que la persona pueda requerir para afrontar a nivel tanto cognitivo como emocional las dificultades de su diagnóstico.

De igual modo, este apoyo terapéutico puede ser también útil para trabajar sobre el apoyo social con que cuenta la persona y las estrategias de afrontamiento individuales que se pueden reforzar y poner en práctica como herramientas útiles de cara a su bienestar.

Adicciones

En el caso de las adicciones a drogas o alcohol, es esencial que la persona reciba un tratamiento lo antes posible para poder hacer frente a su adicción y a una nueva vida al margen del consumo de sustancias tóxicas.

Cambios vitales o situacionales

Cada cambio vital o situacional, como veíamos en el apartado anterior, puede requerir de un apoyo psicológico determinado para ser afrontado de la manera adecuada.

Así pues, el acompañamiento del profesional sanitario no será igual en un caso de estrés laboral agudo, como el mobbing, que en un divorcio o un duelo, pero en todos los casos será fundamental que la persona se vea arropada y acogida por el terapeuta, pudiendo expresar de forma libre y sin juicios su malestar presente y buscar, de forma activa y consensuada, la/s posibilidad/es con que la persona se sienta más cómoda y dispuesta a trabajar para lograr un cambio a mejor.

Cabe resaltar que actualmente los casos de suicidio en adolescentes han aumentado respecto a los últimos años. Teniendo en cuenta este lamentable dato, y el hecho de que el acoso escolar sigue en alza, llegando a las redes sociales como ciberacoso, conviene no perder de vista a los más jóvenes.

Dificultades emocionales

Algunas de las personas que toman la decisión de quitarse la vida son personas con un nivel de autoestima bajo, que no perciben un apoyo social real (es posible que no estén solas, pero se sienten solas), se ven rechazadas por su entorno, creen que no son del agrado de los demás, que resultan molestas y que, incluso, los otros están mejor sin su presencia.

Este tipo de dificultades emocionales conlleva un gran trabajo terapéutico lleno de altibajos, con momentos en los que la persona se va a sentir mucho más fuerte y otros, en los que sentirá que nada ha cambiado.

Nuestro trabajo como psicólogos en Valencia consiste en convertirnos en un apoyo percibido, un acompañamiento que permita que la persona no se vea sola, se sienta en paz estando en compañía de alguien y, poco a poco y más importante, progresivamente sea capaz de sentirse en paz consigo misma.

Es esencial trabajar ese aspecto de “educación” emocional, en el que ofrecemos recursos variados que la persona toma para “aprender” a quererse, a valorarse, y a sentirse alguien que merece la pena.

Al entorno social y familiar

Los seres humanos seguimos teniendo una parte animal muy activa con respecto a la intuición, algo que tiene que ver más con sensaciones corporales que con aspectos que podamos explicar formalmente a nivel racional.

Una intuición o una percepción sobre alguien de nuestro entorno con respecto a este tema, puede ser crucial y significar un cambio radical en la evolución del proceso.

A menudo, muchas personas ven reducido su pensamiento suicida por el mero hecho de hablar sobre lo que piensan y sienten en este ámbito con algún familiar o amigo cercano.

No obstante, aunque esta parte de ventilación emocional pueda resultar extremadamente útil, es importante que se busque atención médica y psicológica en la mayor brevedad.

De igual modo, una vez iniciado el proceso terapéutico, la familia y entorno social debe mostrarse comprensivo y abierto con la persona (tratar de no culpar, categorizar o acusar de buscar llamar la atención), de manera que ésta pueda sentir que cuenta con un apoyo real para sí.

La frustración del entorno familiar y social también es recomendable que se aborde delicadamente en terapia, debido a la dificultad e impotencia que puede suponer para los allegados hacer frente a un intento de suicidio por parte de alguien querido.

“Cualquier señal puede ser de ayuda para evitar un acto suicida.”

Un apunte final sobre y para los profesionales de la salud

El trabajo con el suicidio no es fácil. Muchos estudios demuestran que alrededor de un tercio de las personas que intentan suicidarse, pueden volver a intentarlo en el plazo de un año. Y, por si fuera poco, en torno a un diez por ciento de las personas que intentan suicidarse, lo hacen.

Psiquiatras y psicólogos podemos trabajar en colaboración múltiples aspectos relacionados con el suicidio, pero también tenemos que trabajar a título personal el sentimiento de culpabilidad.

Nuestro compromiso y nuestra labor con las personas nos hace sentir, de forma casi inevitable, una responsabilidad enorme hacia los otros. Su mejoría tiene que ver con lo que abordamos. Si no hay mejoría, también.

La ética y la moral que van ligadas a nuestra profesión sanitaria tienen que ver con que siempre busquemos la mejor manera de proceder con nuestros pacientes. Sin embargo, esto no siempre es suficiente para evitar que alguien se quite la vida.

Hacemos y seguiremos haciendo todo lo que esté en nuestra mano para evitar que un paciente recurra al suicidio, pero lamentablemente no somos salvadores en todos los casos.

Esto nos puede dejar un sabor de boca muy amargo, pero la realidad es que la persona puede tomar una decisión con respecto al rumbo de su vida al margen de lo que estamos trabajando en terapia y, lamentablemente en estos casos, no nos queda más remedio que aceptarla.

En Dopsi siempre tratamos de trabajar de la forma más eficiente, y en este tipo de casos, nuestra experiencia nos ha demostrado que existen multitud de ocasiones en las que el paciente no se encuentra con ánimo de acudir a terapia, por eso ofrecemos la modalidad de terapia a domicilio.

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