Seis experimentos psicológicos sorprendentes.

La psicología es una disciplina que se nutre de varias fuentes, pero sus principales avances provienen de la experimentación mediante el uso del modelo científico. Esto significa que tanto las variables del estudio como los resultados obtenidos han de ser objetivos y replicables. Los experimentos psicológicos, por tanto, ofrecen una base de gran valor tanto para la explicación teórica como para la práctica en cualquiera de las disciplinas en las que trabajamos los psicólogos.

Actualmente, el Consejo General de la Psicología de España prohíbe en su código deontológico, ciertas prácticas consideradas tabú para la comunidad científica general, como que se produzcan daños permanentes o innecesarios en los participantes del estudio, por lo que muchos de estos experimentos psicológicos ya no pueden ser replicados.

A lo largo de los años, han existido multitud de experimentos psicológicos, la mayoría de ellos pasando desapercibidos para el público general, pero a continuación os relataremos seis de los más llamativos y sorprendentes, cuyos resultados conseguirán que nos replanteemos la forma en la que vemos al ser humano y algunas situaciones cotidianas.

1.- El experimento del Muñeco bobo. Albert Bandura (1961).

En este experimento psicológico, el psicólogo canadiense Albert Bandura, junto con sus compañeros Ross y Ross, trataron de averiguar de dónde procedía el comportamiento agresivo, un tema muy debatido durante los años 60.

Para ello, utilizaron a 36 niños y 36 niñas de entre tres y cinco años, a los que introdujeron en una habitación con diversos juguetes, un modelo adulto (hombre o mujer) y un “muñeco bobo”, que da nombre al estudio. El modelo adulto debía jugar con los juguetes en torno a un minuto y luego ejercer una conducta (agresiva o no agresiva) respecto al muñeco. La división de los niños fue la siguiente:

Seis experimentos psicológicos sorprendentes. El muñeco bobo.

Los resultados indicaron que los niños que fueron expuestos a un modelo agresivo exhibieron conductas agresivas y mayor propensión a la utilización de armas (de juguete), mientras que los otros grupos no iniciaron ningún tipo de agresión hacia el muñeco. Además, se concluyó que los niños estaban más afectados por los modelos de su mismo sexo.

Este experimento psicológico alcanzó su fama gracias a que ayudaba a solventar una cuestión muy debatida en su momento: Si la agresión es innata o aprendida. A continuación os dejamos un vídeo sobre el experimento.

2.- Atención selectiva. Daniel Simons (1999).

Este experimento se centra en la capacidad del ser humano de percibir una serie de estímulos en una secuencia compleja. Antes de explicarlo, nos gustaría intentarlo contigo, tanto si has  oído hablar de este experimento psicológico antes como si es lo primero que lees de él. La tarea es simple, tan solo intenta contar cuántos pases dan los miembros del equipo blanco.

 

Si has visto el vídeo hasta el final, muy probablemente habrás llegado a la misma conclusión que el psicólogo de la Universidad de Illinois, Daniel Simmons. El cerebro humano no es capaz de advertir otros estímulos cuando está concentrado en una tarea de forma intensa. Si ya conocías este experimento, probablemente habrás visto al mono, pero ¿Has sido capaz de advertir el cambio en la cortina? ¿Cuántos miembros tiene el equipo negro al finalizar?

3.- Los experimentos psicológicos de conformidad de Solomon Asch (1951-1953).

Gracias a este experimento, el psicólogo polaco demostró que el comportamiento individual está muy influenciado por las opiniones del grupo en el que se encuentra, y por ello es considerado uno de los experimentos psicológicos más importantes para la rama social.

En él, Asch pidió a un grupo de estudiantes que identificaran en varias fichas qué línea era igual que la del ejemplo, y como vemos bajo estas líneas, la respuesta era bastante obvia.

seis experimentos psicológicos sorprendentes. Ficha de comparación

Sin embargo había truco. Los grupos estaban formados por entre siete y nueve estudiantes, de los cuales todos menos uno eran actores que habían recibido instrucciones de contestar correctamente a las primeras preguntas e incorrectamente a las siguientes. Los participantes reales comenzaron a expresar emociones como la duda y  la inseguridad, y casi un 40% de las veces acabaron escogiendo la opción incorrecta.

¿Cómo habríamos reaccionado nosotros si todo un grupo de personas escogen una respuesta que es evidentemente errónea?

4.- Obediencia a la autoridad. Stanley Milgram (1961).

Tras el fin de la II Guerra Mundial y durante los Juicios de Núremberg, muchos militares nazis alegaron que la responsabilidad no era suya, ya que se limitaban a seguir órdenes y desconocían las implicaciones que tendrían sus acciones. Todos nosotros conocemos las implicaciones éticas y la manipulación derivada de la filosofía Nacionalsocialista, pero el psicólogo neoyorkino Stanley Milgram quiso comprobar si un ciudadano de a pie sería capaz de cometer actos atroces bajo la premisa de la obediencia a la autoridad.

Milgram diseñó uno de los experimentos psicológicos que más ha dado que hablar en la comunidad científica. Este ensayo se disfrazó como un test de mejora de la memoria, y en él participaban tres personas. Un individuo al que se engañó para creer que estaba participando en una investigación sobre la memoria debía aplicar descargas eléctricas de intensidad creciente a otro sujeto cuando sus respuestas fueran incorrectas y un falso investigador que se encargaba de dar las órdenes. Los dos últimos eran actores y las descargas eléctricas eran falsas, pero el sujeto engañado desconocía esta información.

Al comienzo del ensayo, la intensidad de las descargas era muy baja, apenas un cosquilleo, pero conforme se iban acumulando las respuestas incorrectas, el investigador indicaba al sujeto que la aumentara, llegando a la cifra de 300 voltios, indicada como “potencialmente mortal”, mientras el actor que fingía las descargas iba aumentando sus quejas e incluso comentaba que sufría de una enfermedad cardíaca.

Antes de esta prueba, tanto Milgram como otros colaboradores estimaron que la mayoría de sujetos no llegarían a alcanzar los 300 voltios y muchos de ellos se negarían a seguir participando en el experimento. No fue así. El 65% llegó a aplicar la máxima descarga (450 voltios), y ninguno de los sujetos se negó a continuar hasta alcanzar esa cifra, y de hecho ninguno de ellos ayudó al actor sin pedir permiso primero.

A pesar de ser uno de los experimentos psicológicos más criticados a nivel ético por la comunidad científica, Stanley Milgram demostró el tremendo efecto que posee la autoridad en nuestro sistema de creencias y conducta.

5.- El experimento psicológico del pequeño Albert. John B. Watson (1920).

John B. Watson es considerado como uno de los padres de la psicología, concretamente del conductismo clásico, la rama de la psicología especializada en la conducta humana y animal. Ivan Pavlov ya había demostrado anteriormente (1890) que se podía hacer salivar a un perro únicamente con el sonido de una campana si se le preparaba para ello. Watson decidió intentar demostrar que esta teoría también funcionaba en humanos.

Para lograr este objetivo, el psicólogo americano seleccionó a un bebé de tan solo 11 meses, el pequeño Albert y comprobó que el niño no exhibía ningún comportamiento aversivo ante las ratas, e incluso jugaba y las acariciaba con curiosidad.

Sin embargo, durante las sucesivas sesiones en las que se mantuvo al niño en contacto con las ratas, Watson se encargó de que sonara el estridente sonido de un martillo chocando contra una placa de metal de forma intermitente, lo que generaba una conducta de ansiedad y miedo en el pequeño Albert.

En los sucesivos ensayos, Albert comenzó a tener pánico, llanto y una conducta fóbica ante la presencia de la rata, que además generalizó también a la lana, los perros y las barbas, sin necesidad de volver a escuchar el estridente sonido que lo asustaba tanto.

Watson trató de proseguir el experimento para encontrar la forma de eliminar estos miedos del menor, pero la madre se negó en rotundo a volver a dejar a su pequeño en las manos del experimentador. El pequeño Albert murió a los seis años por una enfermedad no relacionada con el experimento, por lo que ni pudo solucionar sus fobias, ni podremos conocer el alcance de las mismas.

6.- La cárcel de Stanford. Philip Zimbardo (1971).

Si los ensayos anteriores han supuesto una brecha en nuestra percepción del mundo y del ser humano, el de la cárcel de Stanford  destapa unas realidades tan terribles sobre la conducta humana, que tuvo que ser cancelado tras una única semana. Este experimento sería merecedor de su propia entrada en el blog, pero intentaremos resumirlo para que sea lo más breve posible.

En 1971, Philip Zimbardo, psicólogo originario de Nueva York, diseñó un experimento que llevó a cabo en el sótano de la Universidad de Stanford, acondicionado para asemejarse a una prisión, en el que se asignaron roles de prisionero o carcelero a 24 hombres sanos de clase media. Tanto los reclusos, que pasaron por un proceso ficticio de detención como los guardias tenían unos uniformes muy similares a los utilizados en las cárceles estadounidenses, con número de identificación para los presos, lo que impulsó un sentimiento de despersonalización, es decir, que ya no sentían que fueran individuos particulares, sino presos o carceleros.

Durante el primer día, tanto los carceleros como los presos tenían dificultades para asumir su papel, pero al final del mismo se produjo un pequeño motín que acabó siendo sofocado con el gas de los extintores. A pesar de que los guardias tenían estrictamente prohibido utilizar la violencia física con los prisioneros, desde el comienzo del segundo día comenzaron a aparecer conductas de maltrato, como insultos, agresiones leves o privación de la comida y  del sueño. Poco a poco, los prisioneros fueron forzados a sufrir todo tipo de vejaciones, como permanecer desnudos, ser puestos en ridículo o recitar su número en lugar de su nombre.

Lo más llamativo de este experimento no es que tanto los presos como los guardias aceptaran la nueva dinámica de poder tan rápidamente, sino que tanto Zimbardo como su grupo de investigadores no cancelaron el experimento hasta el sexto día, entendiendo las conductas hasta entonces como “normales” dentro del contexto.

Si queréis conocer más sobre este experimento y disponéis de tiempo, os dejamos un trozo de un capítulo de redes en el que el siempre carismático Eduard Punset entrevista a Zimbardo en relación a este suceso.

Este experimento ha sido objeto de multitud de críticas y polémica, pero sus implicaciones son tan devastadoras, que debemos preguntarnos qué clase de persona somos, y qué clase de persona podríamos llegar a ser.

Existen muchos otros experimentos psicológicos dignos de mención, pero nos hemos decidido por estos seis por sus características y su impacto tanto en nosotros como lectores, como en la psicología.

Si necesitáis ayuda o tenéis cualquier duda, estaremos encantados de resolverla si os ponéis en contacto con nosotros.

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