Hace ya mucho tiempo que el concepto de familia empezó a cambiar con respecto a la visión más tradicional en la que existían un padre, una madre y alguno varios hijos.

En la actualidad, este modelo de familias sigue siendo vigente y tan válido como anteriormente, pero han surgido otras muchas opciones de familia que podemos encontrar: familias monoparentales, familias en las que se cuentan dos padres o dos madres, familias nucleares, familias que viven a distancia… Entre otras muchísimas opciones.

Y, por supuesto, contamos con el modelo de familia reconstituida.

¿Qué son las familias reconstituidas?

Las familias reconstituidas son aquellos sistemas en los que se unen integrantes de otros sistemas familiares previamente existentes, conformando uno nuevo. Distinto. Igualmente valioso.

En el caso de muchos menores, la reconstitución en un nuevo sistema familiar no implica “deprenderse” de los vínculos con el sistema de origen, sino que suelen moverse entre ambos (es decir, mantienen la conexión con sus padres/madres, pero generan apegos con los nuevos integrantes del sistema).

Generalmente, el proceso de “reconstitución” suele ser más fácil de llevar para los adultos que para los niños o adolescentes, principalmente, porque son los primeros los que suelen tomar la decisión de iniciar una relación nueva, si se da el caso.

En la posición de los hijos, han de adaptarse a las elecciones de los adultos, lo cual nos lleva al siguiente punto: ¿Cómo nos acercamos a los hijos de nuestra pareja?

En primer lugar, debemos saber que no existe una fórmula matemática que resuelva esta compleja ecuación. Sobre todo, porque cada familia está compuesta por una serie de personas con unas características individuales, unos patrones de aprendizaje y unas pautas de interacción que las diferencian de cualquier otra.

Familia

No obstante, sí hay algunas cuestiones que podemos tener en cuenta de cara a facilitar el proceso de adaptación a nuestros hijos:

  • Presentar a la pareja en entornos distendidos: Realizando una actividad distractora o de placer para los hijos, por ejemplo. Es una buena forma de que asocien la nueva figura con algo, por lo menos, “neutral”.
  • Conceder un tiempo antes de iniciar la convivencia con la nueva pareja: Nuestros hijos deben tener la oportunidad de conocerla y entender que es una figura de relevancia para el progenitor, de manera que el cambio se viva como mucho menos “aversivo”.

Es cierto que hay personas que se adaptan muy rápido a las situaciones nuevas, pero tener ocasión para procesar todo lo que hay detrás de una nueva relación sentimental de los padres/madres (separación definitiva de la familia de origen, asimilación del proceso de ruptura/divorcio, integración del nuevo sistema de convivencia…) puede ser muy beneficioso para los menores.

  • Establecer normas de convivencia claras: Una vez determinada la idea de convivir con la nueva pareja, es importante que ésta sea conocedora de las normas de la casa, así como pueda hacer su aportación sobre aquellas cosas que considere que pueden beneficiar al funcionamiento familiar.

Si existe un acuerdo con estas consignas, significa que esta nueva figura también tendrá potestad para hacer valer las normas que considere que deben cumplirse, o señalar aquellas que se pueden estar incumpliendo (siempre desde el máximo de los respetos y con comunicación asertiva).

  • En la medida de lo posible, permitir que los conflictos los resuelvan los implicados: Esto significa que, si hay diferencias entre la nueva pareja y alguno de los hijos de la otra parte, debemos tratar de facilitar que solucionen sus diferencias a solas.

De la misma forma que recomendamos que las disputas entre padres las resuelvan los adultos y se permita a los niños afrontar sus “peleas” de hermanos sin intercesión adulta, se recomendaría que el mismo patrón se aplicara en este contexto.

Sin embargo, sí matizaremos que, al inicio de la convivencia, puede ser de extremada utilidad que el nexo de unión (padre o madre) esté presente como un facilitador en las primeras diferencias, siendo una figura que se vaya retirando progresivamente del campo de actuación para permitir el proceso señalado al inicio de este párrafo.

Aunque no siempre es necesaria una intervención familiar, en algunas ocasiones las familias pueden necesitar pautas específicas para favorecer la adaptación a la “reconstitución” de la familia. Si éste es tu caso, podemos ayudarte.