juegos de poder en la pareja

En cualquier tipo de relación socioafectiva, la distribución del poder nunca es equitativa al 100%, como podemos observar en la jerarquía existente en los diferentes subsistemas de una familia, o en los grupos de amistades, en los que aparece con frecuencia una (o unas pocas) figura de líder y, a su vez, un número variable de integrantes que aceptan dicho liderazgo.

De igual modo, en las relaciones románticas de pareja o matrimonio encontramos con frecuencia un reparto del poder que no es exactamente idéntico para ambos miembros.

Este desequilibrio lleva con frecuencia a la puesta en marcha de toda una serie de estrategias psicológicas que se reflejan en una serie de comportamientos que se repiten de forma constante manteniendo una motivación oculta (no consciente) y que termina siempre de la misma manera: dejando sensaciones y sentimientos negativos en los dos.

Según la terapia sistémica, a estas estrategias se las conoce como juegos de poder.

¿En qué consisten los juegos de poder?

La Teoría de los Juegos Psicológicos fue formulada por Eric Berne en 1974. En ella, se habla de los juegos de poder como un tipo de “juego” en el que un primer jugador (A) busca que un segundo jugador (B) haga algo que éste no quiere hacer.

Esta relación se caracteriza por cumplir con los siguientes requisitos:

  • Repetición: el juego sucede de forma constante.
  • Compulsión: ni A, ni B sienten que puedan dejar de recurrir al “juego”.
  • Intensidad: los juegos sustituyen una relación auténticamente íntima.

Además, para lograr los objetivos del “juego” se puede participar empleando los recursos desde “arriba” o desde “abajo”.

La posición de “arriba” se corresponde con poner en marcha una serie de conductas para modificar directamente el comportamiento del otro (habitualmente, el que menos poder tiene en la relación).Una pareja en un pulso de poder

Por ejemplo, una reacción de ira, gritos o empujones puede llevar a un cambio en la conducta de la pareja por temor.

Sin embargo, también se podría llevar a un giro conductual a la pareja desde “abajo”, si mostramos un aspecto abatido, lúgubre, apesadumbrado, y conseguimos generar culpabilidad o lástima en nuestro compañero sentimental. Esto es, un cambio de forma indirecta.

Por otra parte, pese a que A (entendamos, aquel miembro de la pareja con un mayor nivel de poder) puede alcanzar sus objetivos desde “arriba” o “abajo”, también B puede iniciar “contrajuegos” que se convierten en parte del funcionamiento habitual y sistemático de la pareja.

Dicho de otro modo, no por B estar en una posición de déficit de poder participa menos que A de los juegos psicológicos de la relación.

¿Cómo se abordan los juegos de poder en terapia de pareja?

En primer lugar, como haríamos con cualquier tipo de conflicto relacional, en terapia de pareja debemos analizar cuál es la demanda real que nos presenta la pareja.

Esta parte que, aparentemente, resulta relativamente sencilla, puede volverse una gran complicación dado que, en ocasiones, las demandas reales de uno y otro miembro de la relación pueden ser completamente incompatibles.

Es decir, éste sería el primer nivel del juego de poder de la pareja ya que, si uno “gana” y alcanza su objetivo, puede que el otro se vaya con sensación de “perder”.

En esta línea, es fundamental distinguir entre el nivel externo y el interno en términos de demandas.

La demanda externa es aquella que se nos presenta en el contexto terapéutico, cuando:

  • La pareja acude conjuntamente en busca de apoyo y orientación psicológica.
  • Uno impulsa al otro a ir a terapia porque “está mal”.
  • El “otro” se suma posteriormente a la terapia, tras observar cambios en el primero.

En cualquiera de estos casos es frecuente observar una actitud colaborativa en ambos miembros de la relación, cuyo propósito principal es resolver aquellos conflictos que están afectando a su convivencia y funcionamiento en pareja, por lo que probablemente encontraremos la argumentación de que están invirtiendo ganas, tiempo y dinero en volver “a la normalidad”.Una pareja enfadada

No obstante, tras esta aparente voluntad e implicación, a nivel interno existe y se hace notar un “enganche” a la relación de poder tal cual ha existido hasta la fecha, por lo que la conducta real no siempre va a ser de colaboración, sino en detrimento del otro (no necesariamente de forma consciente).

Por tanto, como psicólogos debemos estudiar con detenimiento esta relación de poder de manera que podamos ofrecer alternativas relacionales en las que el reparto se vuelva más equitativo.

Para ello, nuestra función será explorar los conflictos y las bases de los mismos, para identificar las debilidades, temores y frustraciones que pueden estar sustentando los juegos de la pareja.

Los juegos se originan, entre otros motivos, debido a la incapacidad (real o percibida) de alcanzar un objetivo en la relación que experimenta alguno (o ambos) de los miembros.

Cuando la pareja o matrimonio es capaz de localizar sus temores y su vulnerabilidad y expresarlos ante el otro, se está abriendo a la posibilidad de tener una relación auténticamente íntima (algo que se pierde detrás de los miedos y, a su vez, tras los juegos de poder).

Al iniciar el proceso terapéutico, lo que observamos de forma empírica es un sistema de poder que, con esfuerzo e implicación, se volverá un sistema de colaboración y cooperación.

En este proceso, la vulnerabilidad, el miedo y la frustración se convierten en seguridad y crecimiento personal.

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