Ansiedad nocturna

Nos es de sobra conocido cómo la ansiedad es una respuesta de anticipación involuntaria ante un estímulo externo, que contribuye a que se genere una sensación de alerta ante una posible amenaza del entorno.

La ansiedad nocturna, por otro lado, es un tipo de respuesta de alerta que se genera durante la noche, cuando se espera que podamos conciliar el sueño y descansar durante las horas que nuestro cuerpo necesite.

El ciclo del sueño es un proceso imprescindible en sus múltiples fases, pues las de sueño lento están implicadas en el descanso y recuperación de energía, y la fase REM (Rapid Eye Movement, en sus siglas en inglés o MOR, Movimientos Oculares Rápidos, español), es imprescindible para el procesamiento de la información, el aprendizaje y la consolidación de la memoria, así como también para el alivio del impacto del malestar emocional.

El subtipo de ansiedad nocturna provoca que nuestro nivel de alerta se incremente, de manera que la probabilidad de alcanzar un estado de relajación y de somnolencia se ve reducida.

¿Cuál es el origen de la ansiedad nocturna?

Como en otras muchas experiencias psicológicas, la ansiedad nocturna no tiene una causa definida, sino que puede deberse a cualquier preocupación que tengamos en nuestra vida diaria (problemas de pareja, laborales, cuestiones económicas, dificultades con los hijos, etc.), situaciones de estrés (exceso de presión en el trabajo, necesidad de cuidar de algún familiar dependiente o enfermo, etc.) o intenso miedo (a una separación, a la muerte de algún familiar, a la pérdida de empleo, etc.).Una mujer con problemas de sueño

En cualquiera de los casos, cuando la ansiedad aparece perturba el funcionamiento de la rutina del sueño habitual, debido a que nuestra mente muestra una tendencia a la rumiación, es decir, a pensar sobre una cuestión una y otra vez de forma automática. A priori, no controlamos el proceso, puesto que no somos conscientes de todo el “hilado” que se va produciendo.

En ocasiones, el nivel de ansiedad nocturna puede dar lugar a ataques de ansiedad nocturnos, con una sintomatología muy similar a la que encontraríamos en un ataque de ansiedad diurno, pero con el añadido del despertar repentino con un intenso sentimiento de terror.

Cuando se produce un ataque de ansiedad nocturno, es frecuente que la persona se despierte empapada en sudor, bajo la percepción de que está sucediendo (o va a suceder) algo horrible.

Los ataques de ansiedad suelen mostrar síntomas que se asemejan a problemas cardiacos (dolor en el pecho o en los brazos, taquicardia, etc.), por lo que la persona puede experimentar fácilmente la sensación de “estar muriéndose”, aunque su vida no esté en peligro mortal real.

No obstante, esta percepción es lo suficientemente fuerte como para favorecer una retroalimentación que agrava los síntomas.

A menudo, la sintomatología anterior va asociada a problemas respiratorios, de manera que la persona muestra dificultades para respirar o hiperventilación.

Ambos síntomas (cardiacos y respiratorios) en conjunto se relacionan con un entumecimiento de las extremidades y una sensación de hormigueo.

Otro síntoma frecuente es el miedo, especialmente a que se repita el evento ocurrido. Este factor a su vez repercute aumentando los niveles de ansiedad y propiciando una nueva posible crisis de ansiedad nocturna.

¿Cómo se trabaja con la ansiedad nocturna?

El primer paso a la hora de abordar la ansiedad nocturna es tratar de localizar el/los factor/factores que está/n contribuyendo a dicha ansiedad.Una mujer con problemas de ansiedad nocturna

Para ello, es esencial que nos dediquemos a explorar detenidamente el entorno del paciente, sus puntos de apoyo y sus vulnerabilidades, para conocer con el mayor detalle posible qué cuestiones le pueden estar afectando y cómo suele manejarlas.

Además de ayudar a lidiar con los conflictos que puedan estar presentes en la vida de la persona, será recomendable desglosar y determinar cuáles son sus hábitos de sueño, de forma que podamos trabajar aquellas pautas que resulten más beneficiosas para su descanso nocturno.

Así pues, estipular unos horarios de sueño constantes, practicar ejercicios de relajación antes de dormir (habiendo trabajado con el profesional aquellos más acordes a las necesidades de cada paciente) y evitar consumir alimentos con azúcar antes de ir a la cama (para reducir el potencial de activación cerebral a causa de la glucosa) pueden ser algunas de las recomendaciones que permitan, de forma paralela a la solución de las dificultades presentes en la vida de la persona, una mejora en su funcionamiento nocturno.