Un afectado en proceso de compra compulsiva

Uno de los problemas más comunes en la actualidad es la denominada compra compulsiva. Se trata de un trastorno relacionado con el control de impulsos o mejor dicho, con la falta de control de los mismos.

¿Qué son los trastornos de control de impulsos?

Cuando hablamos de trastornos del control de impulsos, hablamos de una serie de conductas que se dan como varias fases de un proceso y que tienen asimismo una alta implicación cognitiva y emocional.

El inicio de este proceso tiene lugar con la puesta en marcha de un impulso prácticamente irresistible o inevitable para llevar a cabo una conducta, aunque ésta pueda suponer un riesgo (para sí mismo o para otros). Este impulso conlleva una activación emocional previa y, tras la acción, una sensación placentera.

 

No obstante, el final de este ciclo también implica con frecuencia una sensación de arrepentimiento o culpabilidad.

 

Resulta llamativa la similitud entre el proceso del trastorno de control de impulsos y el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), que muchas veces se presentan con alta comorbilidad (aparecen juntos).

En ambos encontramos una fase inicial impulsiva, repetitiva y prácticamente incontrolable que provoca una activación emocional y, la conducta que se pone en práctica supone un alivio a nivel tanto cognitivo como emocional, pero sólo de forma temporal (en el TOC no tratado, la obsesión volverá a llevar a una conducta compulsiva que la alivie, de la misma forma que en el trastorno de control de impulsos, la conducta probablemente se vuelva a poner en marcha para buscar la sensación de placer o de alivio).

¿Qué es la compra compulsiva?

Algunos de los problemas de control de impulsos más conocidos se relacionan con conductas patológicas como la cleptomanía (impulso irremediable para el robo de objetos), ludopatía (adicción al juego), la onicofagia (hábito de morder o comerse las uñas) o incluso el alcoholismo.

Sin embargo, en este artículo nos hemos querido detener en uno de los trastornos del control de impulsos que más presente está en nuestra sociedad de consumo: la compra  compulsiva o por impulso.

La compra compulsiva se caracteriza por la fuerte vinculación emocional entre el consumidor y los productos o servicios que adquiere.

Además de esta vinculación, el estado afectivo del consumidor también influye, dado que la percepción de satisfacción y/o refuerzo que la persona desarrolla tras la adquisición del producto lleva a reforzar y favorecer el proceso de compra.

Otro factor que influye en la compra por impulso o compulsiva es el factor social, o cómo se percibe por el entorno directo de la persona el hábito de compra. Un entorno social que “reprocha” o desaprueba la compra excesiva o innecesaria de productos cualesquiera, no es un gran reforzador de esta conducta, mientras que, si nos encontramos con un entorno en el que una gran parte de nuestros vínculos comparten el “hábito” de compra por impulso, nuestra conducta también se ve reforzada, por un lado, por el sentimiento de aprobación y, por otro, por el modelado o aprendizaje social.

Cuando la compra por impulso se convierte en algo patológico, podemos observar que se adquieren productos de todo tipo y, en algunos casos, de dudosa o inexistente utilidad, aunque la conducta se sigue viendo igualmente reforzada por la sensación de placer o satisfacción tras la compra.

 ¿Hay alguna explicación para esta dificultad?

La conducta de compra compulsiva como tal no se ha reconocido como trastorno mental ni por el manual diagnóstico de la APA (DSM) ni por el manual diagnóstico de la OMS (ICD). Sin embargo, la conducta de compra por impulso está determinada en gran parte por factores biológicos, sociales y psicológicos y habitualmente se suele integrar en el grupo F63.9 – Trastorno del control de los impulsos no especificado, que es un gran cajón de sastre en el que se engloban los trastornos menos comunes o de reciente aparición relacionados con el control de impulsos.

Una mujer con trastorno de compra compulsiva.
La conducta de compra genera placer en la persona que la lleva a cabo. Este placer se traduce a nivel cerebral como una “recompensa”, generando una serie de reacciones psicológicas y físicas en la persona, sobre todo relacionadas con la liberación de dopamina.

Por tanto, la sensación de satisfacción que se deriva de la liberación de dopamina genera una cadena de recompensas psicológicas que aumentan la probabilidad de repetir la conducta que impulsó la liberación de dichas sustancias, por lo que también se les conoce como “agentes reforzantes”.

A esta gratificación neuroquímica se suma también la liberación de endorfinas (hormonas del “placer/bienestar”), que afectan a un área cerebral que abarca desde el área tegmental ventral hasta el núcleo accumbens (el núcleo principal en el sistema de refuerzo) y concluye en la corteza prefrontal, favoreciendo la instauración de la conducta adictiva.

 A nivel psicológico, el rasgo más destacado en los compradores “compulsivos” es la autoestima baja, teniendo especial relevancia las experiencias tempranas, el trato recibido respecto a sus hermanos (mayor o menor atención) y el estilo educativo de los padres.

Así pues, se ha comprobado que el comportamiento de compra por impulso afecta a personas con baja autoestima proporcionándoles aceptación, alejamiento de estados de hostilidad o tristeza y permitiendo que escapen de la realidad.

¿Cómo se aborda un trastorno de compra compulsiva?

En primer lugar, como psicólogos en Valencia, es fundamental que podamos explorar con la persona que expresa dificultades en el control de sus impulsos de compra qué factores psicológicos, emocionales y cognitivos están mediando en esta conducta compulsiva.

Es fundamental que tengamos en cuenta hasta qué punto un problema de baja autoestima o de elevada inseguridad personal, como los trastornos de ansiedad, pueden estar mediando en esta búsqueda de satisfacción paralela y, por ende, esta evitación de sus dificultades individuales.

Asimismo, debemos tener en cuenta los sistemas de refuerzo a título tanto individual como social (entorno favorecedor o disuasorio), así como las vías de acceso que tiene la persona a la conducta de compra, la frecuencia, intensidad, etc.

Es recomendable trabajar con la persona a nivel emocional para buscar la forma más sólida de sí mismos, aumentar su confianza, su seguridad personal y su percepción de valía al margen de las posesiones que tengan o dejen de tener.

Este trabajo permitirá que la persona pueda hacer frente a una dificultad anímica que ha estado “enmascarando” bajo una conducta de “sustitución” y que, por tanto, dicha conducta impulsiva termine por desaparecer como tal.

Debido al potente refuerzo neurológico que se ha producido durante el periodo en que ha estado instaurada la conducta de compra compulsiva, es importante ofrecer un sistema de refuerzo alternativo que resulte igualmente potente para que la persona pueda modificar su conducta en pos de una más saludable.

Para ello, sería recomendable, además del trabajo emocional, un abordaje conjunto entre terapeuta y paciente de objetivos a corto, medio y largo plazo que se pretenden conseguir para que la conducta impulsiva desaparezca y la persona pueda sentir que decide si quiere o no llevar a cabo un comportamiento determinado, más que sentir que es arrastrada por un impulso dado.

Si sientes que en la mayoría de ocasiones tus acciones son resultado de una sensación incontrolable, más que de tu propia voluntad o te arrepientes de tu conducta al poco tiempo de realizarla, estaremos encantados de atenderte.

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