una adolescente intentando concentrarse

La adolescencia es una etapa del desarrollo y ciclo vital de las personas que se enmarca entre la niñez y la edad adulta. Es, de hecho, una etapa de grandes cambios a nivel biológico, psicológico, sexual y social que delimitan el abandono de la etapa infantil y el avance hacia la adultez.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la adolescencia es un periodo evolutivo que abarca desde los 10/11 años hasta los 19/20. Además, subdivide este periodo en dos subetapas: la adolescencia temprana hasta los 15 años, aproximadamente, y la adolescencia tardía, hasta los 20.

A lo largo de esta etapa de crecimiento y maduración, la persona descubre su propia identidad (a nivel biológico, psicológico y social) y sus propias habilidades y capacidades (autonomía, autoeficacia, etc.)

Este desarrollo de la autonomía está implicado en una mayor búsqueda de experiencias y de toma de decisiones propias en esta etapa con respecto a la niñez.

Desde el momento del nacimiento, el/la niño/a conoce a todos sus vínculos y son sobre todo los progenitores los que gestionan los contactos del menor, tanto dentro como fuera del hogar.

Sin embargo, la adolescencia conlleva un desarrollo emocional relacionado con la aparición de vínculos de elección, aspecto que supone un gran cambio para la persona: por primera vez hace uso de su capacidad de elección para poder dirigir su afecto de forma personalizada y voluntaria.

Aun así, la expresión emocional y de necesidades todavía puede tener una intensidad, en ocasiones, más propia de la etapa anterior, si bien la modulación y la gestión emocional se van perfilando hacia el modo adulto.

¿Qué ocurre con la concentración adolescente?

Los cambios arriba mencionados que suceden a nivel biológico, psicológico, sexual y social afectan irremediablemente al funcionamiento del adolescente.

A nivel biológico, e íntimamente relacionado con el nivel sexual, esta etapa comienza con la pubertad y, por ende, con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios (aumento del tamaño de genitales, aparición de vello corporal, cambios en la voz, menstruación, etc.).Un adolescente con problemas de concentración

Estos cambios conllevan una notable variación biológica y hormonal que está directamente relacionada con la preparación del cuerpo humano para la capacidad reproductiva (nótese que hablamos del nivel biológico y no del nivel sociocultural, en el que en la actualidad ya no suele concebirse esta etapa como el principal periodo reproductivo humano).

Los cambios corporales pueden llegar a experimentarse con cierta presión social, en función de lo “precoz” del desarrollo (ej. La primera chica de la clase con la menstruación) o lo “tardío” (ej. El último chico en dar el estirón).

Los cambios hormonales afectan a nivel físico y también a nivel cognitivo y emocional, de forma que los adolescentes viven esta etapa de cambio a menudo con incertidumbre sobre lo que va a ocurrir en el futuro, sobre su propio cuerpo y sobre las relaciones sociales.

Aparecen los primeros vínculos afectivos relacionados con el enamoramiento, y también los primeros conflictos familiares, con respecto a diferencias entre padres e hijos con respecto a objetivos y deseos.

Además, las redes sociales y los medios de comunicación se pueden convertir en un importante distractor en el periodo adolescente, en el que la búsqueda de aprobación y, en ocasiones, también de atención, va ligada a una alta inseguridad y un nivel de autoestima muy dependiente de la opinión externa.

Las redes sociales pueden volverse medios de aislamiento social en una realidad digital que no se corresponde del todo con el contacto personal. De hecho, con frecuencia los adolescentes suelen prestar más atención a los comentarios que reciben en sus redes sociales que al aprovechamiento y disfrute del tiempo que pasan con sus vínculos próximos.

Por otro lado, los videojuegos también pueden resultar una dificultad a la hora de trabajar la concentración en la adolescencia. Según un estudio, dedicar más de dos horas diarias a jugar a videojuegos perjudica seriamente la atención en niños y adolescentes .

Sin embargo, la falta de motivación resulta uno de los principales problemas con respecto a la atención y la concentración en la adolescencia.

Un buen número de adolescentes estudia sin sentirse lo suficientemente motivado tanto a nivel intrínseco (el “placer” de estudiar/hacer la tarea en sí misma) como extrínseco (la recompensa que pueda obtener por hacer la tarea/estudiar), debido a múltiples factores como: el contenido de las asignaturas o la percepción de utilidad de las mismas o las tareas; la atención y el tipo de enseñanza percibida por parte de los profesores; la existencia de un conflicto incipiente sobre los estudios/trabajo futuro entre el adolescente y su familia; la presión del grupo de amigos en cuanto a una competitividad sana o excesivamente laxa, etc.

¿Cómo podemos trabajar la concentración en la adolescencia?

Como profesionales de la salud, podemos trabajar la concentración de los adolescentes de múltiples formas.Una adolescente sin concentración

En primer lugar, nuestra función siempre es explorar cuál es la base del problema de concentración: si se debe a un conflicto familiar (relacionado con el adolescente o no), a un problema social, a cuestiones biológicas, a aspectos emocionales a nivel individual o un cómputo de algunas/todas ellas.

En caso de que la base del problema sea de tipo social/emocional, tenemos diversas estrategias disponibles para poder abordarlo, como el empleo de la terapia familiar, la dotación de recursos individuales para establecer límites y sobrellevar la presión social/grupal y el descubrimiento de habilidades y fortalezas a la hora de construir una autoestima y una autoconfianza más sólidas.

En cuanto a la falta de motivación, también se pueden emplear varios recursos para facilitar o favorecer la concentración a la hora de obtener un rendimiento académico adecuado.

Uno de ellas consiste en acordar con el adolescente un sistema que permita eliminar, dentro de las posibilidades, el mayor número disponible de distractores en su entorno de estudio (ordenador encendido, móvil, tableta, televisor, etc.), así como revistas u otros medios que puedan suponer una distracción en la ejecución de tareas.

También es importante establecer un horario o una rutina de estudio que, dentro de una cierta flexibilidad que permita adaptarse a las características del adolescente, se convierta en un incentivo para favorecer el compromiso con el acto de estudiar.

En definitiva, la adolescencia es un periodo en el que la persona encuentra la plena eclosión de sí misma. Pese a las dificultades que pueden ir asociadas a esta etapa evolutiva, no cabe duda de que siempre es recordada como el inicio del descubrimiento del “yo”. ¿Lo acompañamos?

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