Una pareja con problemas de obsesión

Cuando dos personas en una relación acuden a terapia de pareja, hay una multitud de posibilidades que, como psicólogos, nos podemos encontrar: problemas de intimidad, celos, conflictos debidos a terceras personas (familiares, amigos, etc.), infidelidades o, simplemente, una búsqueda sobre cómo lograr que su relación les permita alcanzar un grado mayor de plenitud emocional.

Sin embargo, una de las quejas más frecuentes guarda relación con la solicitud de ayuda terapéutica por parte de uno de los dos miembros de la pareja, y que busca modificar su modus operandi con respecto al otro: la “obsesión” con el compañero/a sentimental.

Cuando hablamos de “obsesión”, según la Real Academia de la Lengua Española, nos referimos a: “una idea, palabra o imagen que se impone en la mente de una persona de forma repetitiva y con independencia de la voluntad, de forma que no se puede reprimir o evitar con facilidad.”

Si trasladamos esta definición al ámbito de la psicología, podemos relacionar el pensamiento obsesivo con trastornos de ansiedad como el TOC, en el que un pensamiento intrusivo aparece de forma intensa e inintencionada, resultando particularmente difícil tratar de esquivarlo o evitarlo.

Esto mismo ocurre a las personas que experimentan una sensación de “obsesión” o fijación con respecto a sus compañeros sentimentales ya que, en este caso, es la propia pareja la que se convierte en el foco de pensamientos fijados, de gran intensidad emocional, e incontrolables.

¿Qué implicaciones tiene para la relación este tipo de fijación?

En el momento en que una persona acude a un psicólogo para trabajar un problema de fijación con su pareja, esta demanda puede deberse a un acuerdo mutuo (ambos son conscientes del problema y el compañero sentimental advierte de su sufrimiento); a una petición por parte del compañero sentimental (sin que la persona que acude a terapia acepte o sea consciente de la problemática indicada), o bien a una solicitud de la propia persona que experimenta el pensamiento “obsesivo” (siendo más o menos consciente de las dificultades que supone para su relación y buscando una forma más saludable de estar con el otro).

En cualquiera de los casos, la “obsesión” que aparece en uno (o ambos) de los miembros de la pareja se detecta en situaciones de desconfianza, celos, excesivo control sobre planes y relaciones, excesivo cuestionamiento sobre afirmaciones, preguntas, bromas y, en definitiva, la búsqueda de crear de los “espacios personales” un solapado espacio común, como se refleja a continuación:

La concepción del espacio en la pareja

Como se puede observar, la primera figura muestra dos círculos, que se corresponden con las figuras de ambos miembros de la relación y sus espacios personales pertinentes, con un espacio verde oscuro en el centro que hace referencia a sus aficiones, vínculos, gustos y experiencias compartidas habitualmente. En este tipo de relación, cada uno tiene suficiente independencia como para desarrollar sus propias actividades y planes de forma autónoma y, a su vez, conservan un espacio conjunto para vivir la relación.

En la segunda figura, sin embargo, nos encontramos con un espacio común solapado casi por completo, de forma que queda poco hueco para que cada una de las personas de la relación pueda desarrollar actividades y vínculos sin la presencia de la pareja, llevando a que la mayor parte de vivencias (cotidianas o no), ocurran bajo la atenta mirada de su compañero sentimental.

Llegados a este punto, cabe mencionar que, si bien los círculos de la primera figura equivalen a una relación de pareja más saludable por norma general, existe una gran multitud de parejas que vive felizmente de acuerdo a la segunda figura, por lo que probablemente no expresen ningún tipo de queja con respecto a esta situación, viviendo de este modo de forma altamente satisfactoria.

Pese a esta observación, nuestro foco hoy va dirigido a aquellas parejas que sí buscan apoyo psicológico debido a que no están conformes con el hecho de vivir en base a la segunda figura, y buscando por tanto una aproximación hacia la primera.

¿Qué factores están implicados en la fijación?

Como ya hemos mencionado, algunos de los síntomas que presentan las parejas que acuden a terapia por una “obsesión” en alguno (o ambos) de los miembros, es la

Una mujer obsesionada con su pareja

presencia de celos, un gran control sobre las actividades, horarios, planes, necesidad de confirmación constante de lo que siente la pareja, desconfianza, inestabilidad emocional, etc.

Las personas que experimentan este tipo de fijación suelen cumplir con una (o una combinación) de las siguientes características:

  • Baja autoestima: La necesidad de “controlar” a la pareja se relaciona con un nivel de autoestima muy bajo, que a su vez refleja un temor intenso a perderla.

La detección de niveles bajos de autoestima y bajo autoconcepto nos ayuda a establecer un primer acercamiento al porqué de la conducta manifiesta.

  • Dependencia emocional: Muy ligada a la anterior, la dependencia emocional se manifiesta a través de una excesiva admiración o idolatría hacia la pareja, cuyo único defecto parece ser el hecho de no prestar suficiente atención a la persona con ideas fijadas.

La persona que manifiesta la “obsesión” no se siente tan capaz de hacer actividades o entablar relaciones como su pareja, lo que a su vez contribuye a una baja percepción de autoeficacia.

  • Déficit en habilidades sociales: A menudo, la persona con pensamiento “obsesivo” tiene dificultades a la hora de comunicar y expresar sus emociones y sus necesidades, razón por la que acumula una cantidad notable de emociones negativas como rabia y tristeza.

Además, en algunos casos encontramos personas que tienen un nivel de empatía (cognitiva, emocional, o ambas) bastante bajo, lo que dificulta que puedan comprender el sufrimiento de la pareja ante situaciones de celos, desconfianza o excesivo control.

¿Cómo se trabaja la “obsesión” en terapia?

En primer lugar, resulta fundamental identificar la queja de la pareja (o del demandante) y cuál es su objetivo a alcanzar, así como su motivación para lograrlo.

Es importante que actualicemos con frecuencia el objetivo que se pretende lograr, para revaluar con la pareja (o demandante) cómo están experimentando los cambios que se vayan produciendo. Un hombre obsesionado con su pareja

Una vez la pareja ha marcado un objetivo, resulta imprescindible que tratemos de identificar los factores que están implicados en el proceso obsesivo, así como el tipo de relación que se ha establecido entre ambos.

De igual modo que dotaremos de recursos a la persona que experimenta la fijación, es importante que trabajemos también con la persona “foco” de la misma, ya que la “obsesión” se ha convertido en una dinámica instaurada en base a la forma de actuar de ambos miembros de la pareja.

Como psicólogos, atendiendo a la máxima de no juzgar, no trataremos de señalar culpables ni de buscar crear alianzas/coaliciones, pero sí podemos determinar responsabilidades en el proceso de cambio, por lo que nuestra función es cumplir con el papel de guía/orientador que se nos ha solicitado.

Así pues, debemos explorar y ofrecer una base sólida de apoyo para el cambio, así como también debatir y buscar las opciones que sean más plausibles para dar un paso hacia adelante en cada momento, siempre ajustando nuestros movimientos a los que la pareja sienta que pueda asumir y aceptar.

 

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