Un adolescente en soledad

Presión externa y soledad en la adolescencia.

¿Por qué buscamos la soledad cuando nos encontramos bajo presión?

En cualquier sociedad en la que nos situemos durante unos días, meses, o semanas, podemos apreciar la existencia de una serie de estándares y creencias asociadas a las diferentes etapas evolutivas de cada persona y qué es lo que se espera de ella tanto a nivel académico como social.

En la cultura occidental, el estilo de vida no ha hecho más que volverse más y más frenético con el paso de las décadas desde el pasado siglo XX, por lo que se espera que las personas (en términos generales) sean capaces de abarcar un mayor número de actividades en un tiempo mucho más limitado.

Vivimos deprisa, en lo que los psicólogos solemos llamar “modo piloto automático”, dejando de lado con frecuencia nuestro lado más humano para convertirnos en seres que se mueven como programados por un ordenador.

Y, sin embargo, seguimos sintiendo (¡Aleluya!). Seguimos siendo seres sociales que se relacionan con otras personas de su entorno y que se ven afectados por las influencias de las mismas: opiniones, creencias, actitudes, valores… Lo que nuestros vínculos hacen y dicen no nos pasa inadvertido, y esto tiene especiales repercusiones en los periodos de desarrollo de la infancia y la adolescencia.Un adolescente caminando en soledad

La presión social, entendida como un empuje procedente del exterior hacia una determinada conducta o pensamiento, es una importante fuente de tensión en el periodo infantil y adolescente, dado que las expectativas que se generan alrededor de la persona sobre cómo va a ser, a actuar, o sobre su rendimiento académico, pueden llevar a experimentar una creciente ansiedad cuando no se toma en cuenta la voluntad del propio infante o adolescente.

¿Por qué presionamos a los demás y qué implicaciones puede tener?

Los seres humanos nos sentimos mejor cuando creemos (y se nos reconoce) estar en lo correcto. En base a nuestras experiencias de aprendizaje, desarrollamos toda una serie de ideas, opiniones y actitudes con respecto a diferentes situaciones y cuestiones de diversa índole, y nos sentimos satisfechos cuando los demás coinciden con nuestro criterio.

A menudo, presionamos a los demás para que piensen o actúen como nosotros consideramos adecuado como una estrategia de protección hacia la otra persona, sobre todo en el caso de los padres. Se puede considerar que la experiencia asociada a la edad puede “darnos la razón” en muchos contextos, pero corremos el peligro de olvidar la importancia que tiene cometer errores para poder aprender de ellos.

Asimismo, puede ocurrir que las presiones externas procedan de una necesidad parental o social de “tener el control”, con una destacable falta de confianza en sí mismos y en las personas hacia las que dirigen dicha presión.

Empujar en una dirección determinada a parejas, amigos o hijos puede llevar a que esa persona se sienta tremendamente vulnerable y dependiente a largo plazo, sin capacidad suficiente para tomar sus propias decisiones.

También puede generar una inmensa frustración si la persona a la que se “presiona” percibe que no se está respetando su propio punto de vista y su necesidad de actuar de una determinada forma.

Además, las presiones sociales pueden conllevar episodios de ansiedad agudos en adolescentes y el distanciamiento en las relaciones sociofamiliares (más conflictos, peor comunicación, etc.)

¿Por qué el espacio y la soledad pueden ser buenos aliados para los adolescentes?

No cabe duda de que, durante el periodo adolescente, la influencia del pensamiento externo es crítica a la hora de desarrollar el pensamiento propio. Son poco frecuentes las ocasiones en las que un adolescente toma decisiones sin haber consultado, aunque sea, con una única persona (amigos cercanos, padres, profesores, etc.)

Sin embargo, cuando un adolescente se encuentra angustiado por la presión que percibe de su entorno inmediato, la búsqueda de un espacio personal y de cierta soledad pueden ser excelentes aliadas para la escucha de sus propias necesidades.Una adolescente disfrutando de su soledad

Cuando la persona se encuentra constantemente rodeada de las opiniones ajenas, puede resultarle muy difícil atender a sus propios deseos y necesidades, por lo que el estar solo durante unas horas puede servir para conceder el espacio de reflexión que quizá no se le está brindando de forma natural.

En ese espacio, el adolescente se puede despojar de todas las etiquetas, juicios y creencias que recaen sobre él y centrarse en cómo se siente consigo mismo y para con los demás. Esto también puede resultar de vital ayuda para mejorar la comunicación con el entorno y facilitar la expresión emocional.

Por ello, cuando el adolescente “se encierra” en su cuarto, no necesariamente debemos verlo como una mala señal, sino todo lo contrario: puede que esté descubriendo dónde está, adónde quiere llegar y cuál es el camino que va a seguir para lograrlo.

Sabiendo esto, como agentes “externos” queda en nuestra mano respetar el tiempo y el espacio que el adolescente necesita para marcar su propio recorrido evolutivo.