psicólogo para adultos - las emociones

Tristeza, enfado, asco, miedo… El mito de las emociones negativas

Las emociones vistas por tu psicólogo para adultos

psicólogo para adultos - las emocionesCuando Paul Ekman publicó su estudio sobre las emociones básicas, reveló un sorprendente descubrimiento que revolucionó el panorama científico del momento: a lo largo del globo y en diferentes culturas (algunas de ellas, muy alejadas de la civilización) encontró seis emociones básicas compartidas por todos. Esta semana quiero dedicar mi artículo, como psicólogo para adultos, al tema de las emociones.

La alegría, la sorpresa, la tristeza, el enfado, el asco y el miedo son emociones que pueden observarse a través de una serie de microexpresiones faciales (la curvatura de los labios, la apertura de los párpados, la elevación o arqueado de las cejas…) fácilmente reconocibles en cualquier rostro humano.

Mucho (¡y por muchos!) se habla de la alegría y de la sorpresa. A menudo encontramos publicaciones, fotos, mensajes y vídeos en la televisión, ordenadores, teléfonos móviles, redes sociales… Que pretenden reflejar el estado anímico de la persona que los comparte. Celebraciones diversas, quedadas con amigos, encuentros familiares o escapadas y viajes son algunos de los ejemplos de actividades en las que se muestra una rebosante emoción de alegría.

Pese a que la sorpresa fue categorizada originalmente como una emoción neutra (por así decirlo, “buena” o “mala” en función de lo que llegase después del primer impacto), se suele ligar con mayor frecuencia a estímulos positivos que negativos.

Podríamos extender este post de psicólogos para adultos durante páginas desarrollando por qué encontramos más publicaciones sobre situaciones positivas que negativas, cuál podría ser la razón para ocultar aquello que nos enfada, nos asquea o nos entristece.

Pero, ¿tan malas son las emociones “negativas”? Vamos a desglosarlas una a una.

  • Asco (disgust): Es, probablemente, la menos leve de las emociones “negativas”.

Nos acompaña a diario, ya que constantemente nos encontramos con sabores, olores e incluso imágenes que pueden resultarnos aversivas.

Pensándolo fríamente, lo aversivo realmente no es tanto el estímulo como el impacto que nos genera. De hecho, la función evolutiva del “asco” es avisarnos, dado que es muy probable que ese olor o sabor que nos causa repulsa vaya ligado a un alimento o producto de alta toxicidad para nuestra salud.

Dicho de otro modo, deberíamos agradecer sentir asco cuando corresponde.

  • Miedo (fear): El miedo es una sensación desagradable que, desde la infancia, experimentamos numerosas veces en nuestra vida.

Os daremos una sorpresa (positiva) a continuación: el miedo es una emoción que surge de la percepción de un peligro (real o supuesto) en el entorno que nos rodea. La cuestión, pues, sería: ¿habríamos llegado al siglo XXI si ninguno de nuestros antepasados hubiese sentido miedo alguna vez?

Probablemente, no.

El miedo nos mantiene alerta ante las amenazas del entorno. No es especialmente agradable, pero sí pone todos nuestros sentidos para la acción (respuesta de lucha o huida), de forma que nuestros recursos estén preparados para tratar de salvaguardar nuestra existencia.

Así que sí, el miedo (como una respuesta puntual, no fóbica) puede salvar nuestras vidas.

  • Enfado (anger) y tristeza (sadness): resulta difícil elegir cuál de las dos tiene el tinte más negativo a ojos de buen cubero.

El enfado es una emoción que surge de la frustración ante un estímulo que nos resulta profundamente molesto, dañino o desagradable.

psicólogo para adultos en Valencia - emoticonosMoviliza una cantidad exacerbada de energía, por lo que no puede prolongarse demasiado en el tiempo (¡sería agotador!). Por este motivo, a menudo resulta más fácil lidiar con una persona cuando está enfadada que cuando está triste.

La tristeza aparece, paradójicamente, con la ausencia. Suele ir asociada a la pérdida de algo o de alguien con valor emocional elevado para la persona que la manifiesta. También puede aparecer cuando no se cumplen nuestros objetivos o expectativas vitales.

Es una emoción que moviliza una cantidad de energía menor, pero de forma más continuada, por lo que puede resultar difícil para otras personas acoger el dolor de los que la sienten.

Así pues, es bastante común que tratemos de “mitigar” la tristeza con frases como: “no es para tanto”, “deja ya de llorar”, “lo que tienes que hacer es animarte…” y otras similares.

A veces resulta complicado para la persona que recoge la emoción saber cómo puede hacerlo de la forma adecuada. Si no sabe qué hacer con la emoción, seguramente intente evitarla.

Lo cierto es que acoger y validar una emoción permite a quien la manifiesta ser más consciente de la misma, y sólo así podrá comenzar un camino para transformarla en algo más beneficioso.

No obstante, ni el enfado ni la tristeza son emociones necesariamente negativas.

El enfado de un empleado con una situación laboral concreta puede llevarle a plantearse si le compensa mantener su puesto de trabajo o preferiría buscar una oportunidad nueva.

La tristeza es una vía para contactar con el sufrimiento interno y, de esa forma, pararse a analizar qué se necesita para reconstruir la situación.

Quizá sería el momento de cambiar nuestra visión sobre las emociones en términos de positividad o negatividad. Probablemente, pero con mucho más acierto, podríamos hablar de ellas en términos de mayor o menor utilidad.

En Dopsi, encontrarás un equipo de psicólogos en Valencia, con experiencia que te ayudarán a gestionar correctamente tus emociones.

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