Una mujer sufriendo acoso laboral o mobbing

El mobbing o acoso laboral es un tipo de persecución u hostigamiento que ocurre en el entorno laboral de la persona que lo sufre.

El término en inglés, que también se emplea con frecuencia actualmente en el vocablo español, tiene el significado de “asediar” o “acorralar en grupo”, causando un efecto de miedo, indefensión y bajo estado de ánimo en la víctima de dicho acoso.

En el mobbing, al igual que ocurre con el bullying o acoso escolar, podemos encontrarnos con una o varias personas que cumplen los patrones de acoso para con otras, de igual modo que pueden ser una o varias personas las “receptoras” de las conductas de acoso.

Así pues, encontramos toda una serie de actitudes y comportamientos violentos, sobre todo a nivel psicológico (el ataque físico es un acto poco común y que ocurre en los episodios más graves, pero no es inexistente) tanto en el lugar de trabajo como, en ocasiones, fuera del mismo.

Este tipo de violencia tiene la característica de ser aplicada por los agresores de forma sistemática y constante durante un tiempo que puede prolongarse a lo largo de semanas, meses e incluso años.

Las consecuencias psicológicas para la víctima se agravan en función de la duración y la intensidad del acoso percibido, así como de la autopercepción sobre recursos y fortalezas que la persona hace de sí misma.

Por tanto, es probable que la persona conviva con los efectos propios de una situación altamente estresante (aumento de la presión cardiaca, problemas en la piel, cefaleas, problemas estomacales…) así como con síntomas de ansiedad, depresión, trastorno de pánico, agorafobia, ansiedad social y, en los casos de mayor gravedad, puede llegar a aparecer la ideación (e intento/acto) suicida.

¿Qué tipos de acoso/acosador encontramos?

El acoso laboral puede aparecer en diferentes tipos o formatos:

  • Acoso horizontal: probablemente, el más común o frecuente. Este acoso es el que tiene lugar entre compañeros de trabajo que ocupan cargos similares, de manera que, a menudo, aquellos que se ven amenazados por las capacidades de otro pueden recurrir a estrategias de acoso con la intención de “eliminar al rival”.
  • Acoso vertical: dentro de esta categoría encontramos dos subtipos: el acaso por parte de subalternos o por parte de los superiores.

En ocasiones, los trabajadores que están subordinados a las órdenes de otro trabajador pueden no estar de acuerdo con las directrices del mismo (en ocasiones podrían ser ciertamente injustas) o bien no estar de acuerdo con el tipo de persona que está al mando, considerándose más capaces para ocupar dicho puesto.

Esto puede llevar a un “complot” contra el superior, elaborado a través de diferentes actitudes y conductas de violencia psicológica que permitan que el mismo dude de sus aptitudes para ejercer cierto control sobre el grupo.

En otras ocasiones, y siendo en muchas ocasiones las víctimas mujeres, encontramos el acoso por parte de los superiores, de manera que se hace uso del poder que otorga el puesto para manipular y coaccionar a la persona que está “por debajo” organizativamente, de forma que se obtiene el beneficio que el/la jefe/a desea, a costa del malestar emocional del trabajador/a.

¿Qué perfil encontramos en el/la acosador/a?

Como ya hemos mencionado, la mayor parte de actos relacionados con acoso laboral (mobbing) tienen que ver con una sensación de inseguridad y baja percepción sobre sus capacidades y aptitudes por parte del acosador, que necesita llegar a la supresión de aquellas fortalezas que detecta en la persona que señala como su víctima.

Sin embargo, no es común que el acosador “funcione” solo. A menudo, encontramos un perfil líder que es capaz de determinar diferentes estrategias para “atacar” a la víctima, pero que cuenta con varios compañeros (o asociados) que se convierten en un apoyo para llevar a cabo su labor.Un hombre sufriendo mobbing o acoso laboral

En su mayoría, encontramos conductas del tipo: gritos, insultos, humillaciones, falsas acusaciones, bromas (no agradables), amenazas o entorpecimientos al trabajo de la víctima.

Todo este tipo de actos dejan una huella psicológica severa en la víctima, pero al ser practicados por un grupo de personas (y no haber una marca física demostrable) resultan muy complicados de demostrar como ciertos.

Este tipo de acoso muestra una clara tendencia psicopática en aquellos que lo practican, con frecuencia con problemas emocionales y de personalidad severos, así como otros problemas relacionales (familiares, pareja, hijos, amigos, etc.) que llevan a buscar a través de este medio un impulso de liberación o canalización de sus complejos y frustraciones.

¿Qué tipo de víctima encontramos?

Las víctimas de mobbing están “en posesión” de una serie de características que pueden llevar a sentimientos de envidia y amenaza por aquellos que se convierten en sus acosadores.

Así pues, hablamos de personas con mayor éxito social, más inteligentes, más atractivos a nivel físico o emocional, personas muy válidas y capaces en el puesto que desempeñan (y muy bien valorados por ello). También suelen estar reconocidos como parte de “los mejores” de la organización de la que forman parte.

En otras ocasiones, la víctima se señala cuando se niega a participar de actos ilegales, fraudulentos o engañosos hacia otras personas (ya sean miembros de la organización o no), por lo que quedan marcados como diferentes.

Asimismo, diferentes son las personas demasiado jóvenes, con distinta orientación sexual a la de la mayoría normativa (normalmente, personas del colectivo LGTB), ideología política, religión o también por cuestiones étnicas.

En estos casos, las víctimas se seleccionan porque pueden no contar con suficiente respaldo tanto dentro como fuera de la organización, por lo que resulta mucho más sencillo ejercer la manipulación y dominación de las mismas.

Por tanto, y a modo resumen, las víctimas suelen ser personas con una capacidad y habilidad impecables, con alto sentido de la honradez y la justicia, reconocidos como “los mejores” por la organización, líderes natos. Son personas muy empáticas y cuyas vidas fuera de la organización resultan altamente satisfactorias.

¿Cómo trabajamos con el mobbing?

El acoso laboral debe ser abordado, en la medida de nuestras posibilidades y de la empresa en la que tenga lugar, por dos pilares de la psicología: los Recursos Humanos y la psicoterapia.

No todas las empresas cuentan con un psicólogo en el área de Recursos Humanos (de hecho, hay empresas pequeñas que ni siquiera necesitan disponer de este departamento), pero aquellas que sí tienen un experto de la psicología incorporado en plantilla, pueden hacer uso de sus habilidades no sólo para aspectos relacionados con el área de selección y formación de personal, sino también para evaluar las características de los diferentes trabajadores y poder facilitar dinámicas para la cohesión de grupo (a modo de prevención del acoso).

Si el acoso se ha instaurado, el psicólogo de la organización puede tratar de analizar qué tipo de acoso se está produciendo, qué partes están implicadas y qué causas y consecuencias se están dando.Un hombre ejerciendo acoso laboral

De esta manera, puede generar recursos (con su departamento o la dirección) para solventar las conductas inapropiadas empleando elementos de refuerzo propios de nuestro campo (motivaciones, incentivos), y también castigos, si llegase a ser necesario.

Cuando el mobbing se detecta de forma demasiado tardía, bien porque la víctima no lo soporta más, o bien porque alguno de los actos de los acosadores no ha pasado desapercibido, es posible que la persona que recibe el acoso necesite de ayuda profesional más especializada en el campo de la terapia psicológica.

En este ámbito, el psicólogo al que se acuda tratará de abordar las dificultades que la persona ha experimentado desde una actitud de aceptación y aproximación a su sufrimiento, para progresivamente redescubrir sus capacidades, recursos y fortalezas (esos que tenía y tiene, pero que le han llegado a hacer creer que no están), y reconstruir su percepción de eficacia y de éxito hasta niveles iguales o superiores al momento en que comenzó el acoso.

Además, muchas de las víctimas de mobbing, deciden denunciar el acoso, para lo que es fundamental contar con un informe pericial psicológico que acredite los daños ocasionados por el acosador.

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