trastorno limite - tlp

Trastorno límite de la personalidad (Borderline personality disorder)

tlp - psicologo valenciaLos trastornos de la personalidad constituyen una categoría diagnóstica relativa al conjunto de rasgos y características más o menos estables que se superponen generando la infinidad de personalidades humanas que podemos encontrar.

Cuando esta agrupación de rasgos resulta de alguna (o varias) forma disfuncional para el individuo y/o las personas que se encuentran a su alrededor, tradicionalmente se ha determinado que existe un trastorno de la personalidad.

Actualmente, en una perspectiva de la psicología menos “patologizante”, preferimos emplear el término “personalidad disfuncional” sobre el de “trastorno de la personalidad”.

En este post concretamente, hablaremos de una de las personalidades disfuncionales más conocidas y destacables: el TLP.

El trastorno límite de la personalidad, o más conocido como trastorno límite, es el término que recoge un patrón general de inestabilidad e impulsividad que afecta a las diferentes áreas de funcionamiento de la persona que lo padece (relaciones personales, autoimagen, autoconcepto, etc.)

Dentro de esa inestabilidad e impulsividad, existe una vivencia emocional exacerbada con respecto a los eventos relativos a sus relaciones sociales. La experiencia de las relaciones se mueve entre la idealización y la devaluación, sin términos medios.

Aparece con frecuencia la ira inapropiada y, acorde con la impulsividad que les caracteriza, dificultades para controlar dicha ira. Esta impulsividad también aparece en otras áreas de su vida, en actitudes y comportamientos que podríamos catalogar como “conductas de riesgo”: conducción temeraria, consumo y/o abuso de drogas legales o ilegales, relaciones sexuales sin o con escasa precaución, etc.)

La percepción de estas personas es de sentirse constantemente abandonados o de no estar recibiendo toda la atención que necesitan (puede ser algo real o imaginado). Así pues, es frecuente que tengan sentimientos de vacío.

Su identidad se ve alterada, también inestable. Del mismo modo que la percepción de los otros se mueve entre la devaluación y la idealización, ocurre de igual manera con la imagen de sí mismos.

En algunos casos, pueden aparecer comportamientos, amenazas o incluso intentos suicidas recurrentes, o también automutilaciones.

El TLP aparece entre el 3% y el 5%, fundamentalmente en mujeres y es cinco veces más frecuente en familiares de primer grado.

¿Cómo podemos abordarlo?

trastorno limite - tlpLos rasgos definitorios de la personalidad límite arriba descritos nos ayudan a tener en cuenta cuáles pueden ser las formas más adecuadas de acercarnos a estas personas en nuestra relación terapéutica.

Precisamente porque la persona considerada “límite” se relaciona buscando los límites de la experiencia o que puede encontrar en los demás (llevándoles a situaciones difíciles, vivencias complicadas, a rechazarles, etc.), es importante que en terapia sepamos manejar con estos pacientes la existencia de determinados límites en los que vamos a movernos con libertad y responsabilidad, pues también trataremos de ayudar a que nuestro paciente sea consciente y se haga cargo de las sensaciones y reacciones que surgen en el proceso terapéutico.

Como psicólogos, no nos convertimos en salvadores de nuestros pacientes, y tampoco ocurre así en el caso de la personalidad límite. No obstante, una forma de ayudarles en su reconstrucción del mundo es tratar de trabajar con ellos las sensaciones, emociones y pensamientos que aparecen en el momento de la terapia.

Trabajar en el presente nos ayuda a ser más conscientes de lo que ocurre en nuestro cuerpo en el momento actual y de ello emergen necesidades, experiencias, demandas, etc., a las que no prestamos atención en nuestro funcionamiento en “piloto automático”, pero se hacen patentes cuando les damos un espacio para su aparición.

La tendencia límite a devaluar e idolatrar puede dificultar la creación de un vínculo sólido en el proceso de terapia. Con frecuencia pueden aparecer en sesiones continuas sentimientos tan pronto de admiración y respeto hacia el psicólogo, como de profundo desprecio.

Por este motivo, resulta fundamental que nos convirtamos en un pilar capaz de sostener su frustración y sus demandas. Debemos poder demostrar a nuestros pacientes límites que sus necesidades son tan válidas como las de los demás, y del mismo modo él o ella es una persona valiosa en su totalidad.

Nuestra capacidad de explorar nos puede ofrecer una clave para descubrir puntos débiles y puntos fuertes en los que apoyarnos. De esta manera, podemos convertirnos en “el puente” que ayude a la persona a verse como un todo integrado, y no como “algo bueno” y/o “algo malo”.

La persona límite experimenta en ocasiones periodos de mayor alteración emocional. Nosotros, los terapeutas, nos convertimos en el apoyo y estabilidad que necesitan para hacer frente a los periodos más críticos.

Cuando aparezcan estos “picos”, tendremos que buscar la forma de trabajar su angustia para tratar de comprenderla y aliviarla, en ese orden.

Pero, ante todo, debemos comprobar y contrastar con el paciente que se está sintiendo cuidado y valorado en la relación terapéutica. Que, a través del contacto, encuentra una vía hacia un estado mejor.