La psicogerontología

Psicogerontología: el cuidado psicológico de los mayores

Psicogerontología es un término adoptado del inglés “geropsychology” con el que nos referimos a la parte de la psicología que se encarga del estudio y trabajo con el envejecimiento, la vejez y las personas mayores.

Esta rama de la psicología está íntimamente ligada a la psicología del desarrollo y del ciclo vital, aunque hasta los años 50 se prestó relativamente poca atención a esta etapa evolutiva desde el punto de vista psicológico.

Es en este momento cuando se empieza a estudiar el envejecimiento como proceso, la vejez como etapa y a las personas mayores con sus correspondientes cambios relativos a la edad y sus implicaciones psicológicas.

Desde este punto, la psicogerontología tiene por objetivo aplicar los conocimientos de la psicología para promover la salud y el bienestar de las personas mayores, en combinación con los conocimientos sobre gerontología como ciencia multidisciplinar.

Actualmente, se ha establecido que las necesidades de atención de las personas mayores que requieren de la actividad de un psicólogo se relacionan no solo con la promoción de la salud y del bienestar, sino también con la evaluación e intervención en salud mental, discapacidad, el ofrecimiento de apoyo psicológico a familia y cuidadores, la integración social y comunitaria y la formación y psicoeducación sobre esta etapa del desarrollo humano.

¿Cómo es el proceso de envejecimiento?

El envejecimiento es un proceso natural que sucede en todo ser vivo. En el caso de los seres humanos, podemos hacer una distinción entre lo que se conoce como envejecimiento “normal” y envejecimiento “patológico”.

El envejecimiento “normal” hace referencia a los cambios esperables que se producen con el paso de los años, que consisten en una serie de pérdidas (velocidad de procesamiento, reflejos, flexibilidad…), aunque también se encuentran ganancias (sabiduría, experiencia, mayor tolerancia…).

Sin embargo, el envejecimiento “patológico” va asociado a la presencia de algún tipo de trastorno o enfermedad que implica una pérdida de facultades físicas y/o psíquicas superior a lo esperable, como ocurre en el caso de demencias o accidentes cerebrovasculares.

En estos casos, las funciones cognitivas que, per se, se resienten con la edad (atención, memoria…), sufren daños mayores que a menudo requieren de neurorrehabilitación para evitar que estos problemas avancen o empeoren.

Con frecuencia, las enfermedades asociadas al envejecimiento tienen repercusiones en el funcionamiento cotidiano de la persona, que puede llegar a perder su independencia y su autonomía para la realización de actividades básicas de la vida diaria que solía poder hacer hasta ese momento (como vestirse, caminar, comer o ir al baño).

 ¿Qué trastornos emocionales suelen aparecer en la vejez y con qué estereotipos se relacionan?

Las personas mayores pueden sufrir exactamente las mismas dificultades psicológicas que cualquier persona en otra etapa del ciclo vital, con las peculiaridades propias de la vejez.

Con esto hablamos de que una persona mayor puede sufrir trastornos de ansiedad, depresión, fobias, baja autoestima, falta de confianza, etc., del mismo modo que cualquier otra, aunque sí es cierto que, si estas dificultades no han estado presentes anteriormente en su vida, pueden deberse a los cambios asociados a la edad.Un hombre mayor reflexionando

A menudo, el aumento de consciencia sobre la pérdida de facultades físicas y/o psíquicas genera malestar en la persona mayor, sobre todo si no siente tener recursos que le permitan afrontar las limitaciones que van surgiendo.

Pero no solamente a causa de los cambios biológicos, sino también debido a cambios en el entorno social y familiar (mayor atención sobre sus actividades, mayor control sobre sus actuaciones, etc.) pueden aparecer síntomas asociados a la ansiedad y/o la depresión.

En concreto, en relación con el entorno social es conveniente hablar sobre cómo algunos estereotipos de la sociedad influyen en la visión de negativa de las personas mayores, considerándolas débiles, lentas, con menor capacidad de aprendizaje, “enfermas”, “tristes” o “dependientes”, entre otras.

Estos estereotipos y prejuicios, que no son ciertos al uso (como decíamos anteriormente, hay un deterioro en la capacidad de aprendizaje y un enlentecimiento en el funcionamiento físico, pero el entrenamiento físico y mental permite mantener e, incluso, crear nuevos aprendizajes en personas mayores), tienen un impacto a nivel tanto individual como social.

Por una parte, las personas mayores terminan por obedecer a lo que se conoce como “profecía autocumplida”, respondiendo a esas creencias sobre ellos de la forma que los demás esperan que hagan (es decir, más lentos, más dependientes, etc.) y, por otra, la sociedad perpetúa un trato hacia las personas mayores que retroalimenta ciertas conductas de menor autonomía (“los jóvenes tienen que cuidar de los mayores”, por ejemplo).

¿Cómo intervienen los psicólogos en psicogerontología?

Como se comentaba al inicio, la intervención del psicólogo en este ámbito está especialmente dirigida a la promoción del envejecimiento activo y al aumento de calidad de vida en la vejez.

Dicho de otro modo, del mismo modo que la enfermedad se puede prevenir, el envejecimiento activo puede ser promocionado, razón por la que el papel del psicólogo se convierte en esencial en la tercera edad.El cuidado psicológico de los ancianos

Para ello, es fundamental la evaluación de las necesidades de cada paciente, así como de su proceso de envejecimiento (normal o patológico), para poder focalizar la atención psicológica hacia el entrenamiento (mantenimiento y mejora de capacidades cognitivas) o la rehabilitación (recuperación y evitación de pérdida mayor a nivel cognitivo).

No solamente el entrenamiento o rehabilitación son de gran utilidad en la psicogerontología, sino también el apoyo psicológico a los cambios e impactos emocionales que se experimentan en esta etapa evolutiva, para construir recursos y fortalezas no solo por la mejora de funciones cognitivas como la atención o la memoria.

El objetivo para con el paciente siempre será alcanzar el mayor grado de autonomía posible, de forma que pueda sentirse bien consigo mismo y con su evolución.

Asimismo, aunque el psicólogo se convierta en un apoyo psicológico importante para el paciente, la labor de psicoeducación y formación a la familia y otros profesionales será de vital relevancia a la hora de trabajar con personas mayores y la adaptación que requiere su edad.