¿Qué hago si percibo que mi hijo/a tiene un retraso madurativo? 1

En general, de forma tanto pediátrica como neuropsicológica existen unos estándares sobre los progresos evolutivos que se deben dar en un/a menor conforme va avanzando en su desarrollo (por ejemplo, caminar es un proceso que arranca entre los 12 y los 15 meses, mientras que el inicio del habla se da entre los 15 y los 18 meses), de manera que los padres/madres y cuidadores inmediatos pueden tener una referencia sobre cómo se está dando ese proceso o si hay algún parámetro que conviene vigilar.

Precisamente por eso los niños/as tienen revisiones periódicas que permiten comprobar que los diferentes hitos se están dando dentro de un rango de «normalidad».

Sin embargo, hay ocasiones en las que nuestros/as hijos/as pueden experimentar ciertos retrasos en esos estándares de desarrollo que se esperan de ellos, por motivos de muy diversa índole. Por ejemplo, los niños que son hijos de padres o madres bilingües comienzan a hablar más tarde que el resto de niños de su edad porque son dos los repertorios lingüísticos que deben procesar e integrar, y no por ello padecen ningún tipo de alteración estructural o funcional a nivel cerebral.

También puede ocurrir que algunos niños que nacen con prematuridad desarrollen algunas dificultades en la psicomotricidad (tanto fina, como coger un lápiz, como gruesa, al caminar).

Así y todo, la mayor parte de retrasos madurativos que solemos encontrar (y que rompen de forma notable los rangos esperados de evolución de un niño) se adscriben a algún diagnóstico de trastorno del neurodesarrollo, como puede ser un TEA (Trastorno del Espectro Autista) o un TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad).

Ello implica una serie de síntomas cognitivos y conductuales que suelen apreciarse con el progresivo paso del tiempo y su presencia sostenida, de manera que suele requerirse un abordaje terapéutico para algunos aspectos con el fin de que el menor pueda tener un funcionamiento individual, social y familiar lo más saludable posible.

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Niños jugando

Por tanto, ¿qué hago si detecto un retraso madurativo en mi hijo/a?

Aunque pueda parecer evidente, el primer paso es la observación de la conducta del menor. No porque en un momento dado tenga un comportamiento determinado esto se convierte en un patrón, sino que, precisamente, debemos observar si aparece (o no) un patrón de comportamientos suficientemente disfuncional o que no alcanza el parámetro de lo esperado para su rango de edad.

En segunda instancia, consultar con el pediatra. El pediatra es el profesional que conoce en mayor profundidad el desarrollo del menor, por lo que podrá orientar sobre qué es lo que puede estar sucediendo y cómo abordarlo de la forma más adecuada para el niño y para la familia.

A partir de este momento, contar con el apoyo profesional de la persona más adecuada para el abordaje terapéutico es clave, de manera que la orientación de un logopeda, un psicólogo, un neurólogo u otros expertos en el ámbito infantil pueden ayudar a que el menor siga el curso evolutivo que le corresponde de la forma más favorable posible.