Dos adolescentes haciéndose un selfie

Los tres motivos sociales y su relación con la autoestima adolescente

Una pregunta que nos encontramos los psicólogos con frecuencia en las consultas con adolescentes tiene que ver con la presión que experimentan para mostrar la mejor imagen de sí mismos.

La pregunta en cuestión es: “¿Por qué?” y suele ir acompañada de: “¿Por qué tengo que mostrar que tengo una vida “perfecta” cuando en realidad estoy pasándolo verdaderamente mal?”

La adolescencia, un periodo evolutivo del ciclo vital altamente complejo, se caracteriza por ser un proceso de desadaptación y adaptación constante a los cambios que se producen en el entorno y en uno mismo, a nivel tanto afectivo, como motivacional, biológico y físico.

Es una fase en la que suele estar presente un alto nivel de energía física y mental, volcada en multitud de actividades y proyectos en los que pueden participar grupos más grandes o más pequeños (en función del nivel de intro-extraversión de cada persona).

Cada adolescente vive esta etapa de forma muy diferente en base no sólo a sus características individuales, sino también a su entorno social y familiar.

Sin embargo, si existe un factor común presente en la gran mayoría de ellos, es una presión por mostrar la mejor versión de sí mismos, actualmente de forma casi constante en un mundo de hipervigilancia tras la fuerza de las redes sociales.

Actualizar los perfiles de Facebook o Instagram, contar la cantidad de “me gusta” recibidos, estar atentos a los comentarios en las imágenes o estados, son sólo algunas de las actividades que muchos adolescentes realizan diariamente, sin darse cuenta del tiempo y el desgaste emocional que todo ello requiere.

Este tipo de rutinas no suele pasar inadvertida a padres y/o cuidadores, que observan que sus hijos viven a menudo de forma muy diferente a lo que muestran públicamente (aislamiento, tristeza, rabia…).

¿Cuáles son los tres motivos sociales y cómo se relacionan con la autoestima?

Las tres motivaciones sociales, según David McClelland, reciben este nombre debido a que se considera que su mayor o menor presencia e importancia está relacionado con el tipo de influencia social recibida desde la infancia (una crianza más permisiva o autoritaria, mayor o menor presencia de normas, mayor o menor fomento de la autonomía, etc.)Una adolescente navegando por una red social

Cabe destacar que estas tres motivaciones están presentes en todas las personas, aunque su mayor o menor intensidad se regula en función de las circunstancias sociales o ambientales que éstas vivan:

  • Necesidad de afiliación: la persona con este tipo de motivación necesita sentirse parte de un grupo social, por lo que buscan la aprobación y la aceptación de aquellos que consideran parte de su grupo de referencia. Se caracterizan por ser más colaborativos que competitivos, y por trabajar mejor como parte de un grupo que liderando.
  • Necesidad de logro: la motivación de estas personas va ligada al alcance de metas que implican un reto para ellas, asumiendo aquellos riesgos que consideran que pueden tomar. Se caracterizan por aceptar bien las críticas sobre su desempeño, aunque prefieren el trabajo en solitario. Suelen tener un elevado nivel de locus de control interno (situando una mayor responsabilidad de sus acciones sobre sí mismos que sobre los demás).
  • Necesidad de poder: La motivación de poder y la de afiliación resultan bastante opuestas, pues mientras la persona con motivación de afiliación busca la colaboración, la persona con motivación de poder compite por sobresalir y obtener un alto reconocimiento de los demás. La necesidad de poder suele ir vinculada a la búsqueda de control e influencia sobre otras personas, simplemente por la sensación de liderazgo que este “control” genera.

Estas tres necesidades, que forman parte de la vida adolescente, tienen un impacto notable en el bienestar psicológico de los jóvenes, ya que “necesitan” sentir que forman parte de un grupo, como seres gregarios que son; “necesitan” sentir que alcanzan sus objetivos y, a menudo, también “necesitan” que se les reconozcan sus méritos.

La cuestión es que la relación entre personas y redes sociales exige cada vez de una demostración mayor de nuestros niveles de afiliación, de logro y de poder, de manera que la ausencia de demostración de alguno de ellos se puede atribuir erróneamente con un “fracaso”.Un grupo de adolescentes en redes sociales

Dicho de otro modo: “si no publicas fotos con tus amigos, no los tienes; si no publicas nada sobre tus logros, es que no existen; y si no tienes decenas de “me gusta” y comentarios en las redes, no eres influyente.”

En esta línea, la popularidad se confunde fácil (y equivocadamente) con la existencia de una mayor vinculación, lo que nos lleva a un círculo vicioso que cada vez llega a una mayor profundidad: las personas no se sienten más queridas cuanto más publican, sino con frecuencia más aisladas, menos seguras de sí mismas y con un nivel de autoestima que va progresivamente desplomándose.

¿Cómo interviene el psicólogo?

Los psicólogos tratan, con el paciente, de establecer un análisis de la situación y de sus necesidades sociales para poder llegar a romper ese círculo vicioso.

Para llegar a esta “ruptura”, es esencial que la persona se haga consciente de cómo le afecta la presión social y la propia presión que sitúa sobre sí misma, de manera que se pueda encontrar un sentido o un razonamiento a por qué existe dicha presión.

El punto clave en que la persona comienza a encontrar un nivel de satisfacción llega cuando comprende que las necesidades de afiliación, logro y poder pueden ser solventadas sin (paradójicamente) necesitar mostrar cómo se ha llegado a ellas.

Para entonces, la persona habrá comprendido cuáles son sus vínculos y afiliaciones “reales”, cuáles son los logros que verdaderamente quiere alcanzar (por sí misma, y no por los demás) y hasta qué punto necesita del reconocimiento externo.

Llegados a este punto, el adolescente puede decir que “controla” las redes, en lugar de sentirse “controlado” por ellas.