La culpa en la toma de decisiones

Al hablar de arrepentimiento, hacemos referencia a un conjunto de sensaciones, cogniciones y emociones que se relacionan con el haber hecho o dicho algo que, a posteriori, nos gustaría poder borrar o modificar.

En relación con este concepto, la culpa es un término con un marcado componente afectivo en el que la persona experimenta un conflicto por haber hecho o dicho algo que considera que no debería haber aportado, o bien por el punto opuesto (no haber realizado una acción que sí consideraba que debería haber realizado).

La culpa, además, tiene una potente implicación religiosa como concepto, razón por la que en Dopsi nos gusta hablar en su lugar de responsabilidad, siendo que esta acepción tiene una connotación más positiva e implica que la persona juega un papel mucho más activo en la toma de decisiones.

¿Por qué aparecen el arrepentimiento y la culpa en la toma de decisiones?

Hay múltiples razones por las que el arrepentimiento y la culpa pueden aparecer tras haber tomado una decisión o haber puesto en marcha una elección, debido a la movilización de toda una serie de factores cognitivos y emocionales.

A nivel cognitivo surgen toda una serie de pensamientos e ideas de carácter negativo o pesimista, relacionadas con la situación, con las características personales o con la propia decisión/elección realizada.Un oso en una carretera, explicación visual de la culpa

Estas cogniciones ponen en marcha una reevaluación de aquellas alternativas que no hemos escogido, de manera que comenzamos a lamentar la que ha sido aceptada y a experimentar una sensación de pérdida o fracaso relativa al planteamiento de haber seguido cualquier otra opción (¿Y si…?)

La aparición del condicional nos hace sentirnos inseguros, incrementa nuestro malestar (con emociones como la tristeza, la rabia o el miedo a tomar otras decisiones por sus consecuencias) y repercute de forma negativa en nuestra autoestima, ya que se refuerza la percepción de que “no somos capaces de emprender acciones de forma exitosa” o “cualquier otra alternativa habría tenido un mejor resultado”.

Además, esta inclinación a pensar de forma negativa sobre nosotros, la decisión y el contexto aumenta las probabilidades de llegar a una “profecía autocumplida”, es decir, la expectativa de un fracaso me llevará muy probablemente a razonar y a actuar propiciando el mismo.

¿Qué debemos saber con respecto a la toma de decisiones?

Cuando tomamos una decisión o hacemos algún tipo de elección, estamos escogiendo al menos entre dos alternativas existentes.

Esto implica, necesariamente, que alguna de ellas ha sido descartada por una o diversas razones de tipo personal, social, económico, etc., tras haber realizado una valoración (más o menos exhaustiva) sobre las implicaciones de cada una.

El arrepentimiento y la culpabilidad son procesos que nacen de la observación de las consecuencias de nuestras decisiones, bien en nosotros mismos o en personas de nuestro entorno, cuando éstas no están en la línea de los resultados que habríamos esperado.

Esta discrepancia entre nuestra expectativa y el resultado obtenido nos lleva a vivenciar la situación con un nivel alto de malestar, en ocasiones acompañado de una intensa sensación de frustración.

Las consecuencias, cuando no solo nos afectan a nosotros, hacen que aumente nuestra percepción de arrepentimiento, dado que las decisiones pueden implicar una separación, pérdida (física o emocional) o distanciamiento de algún vínculo próximo, con el correspondiente malestar añadido.

Por esta razón, la reevaluación de la situación suele implicar de nuevo al condicional: “¿Qué habría pasado si…?”

¿Cómo podemos hacerles frente? 6 claves para sentirnos responsables de nuestras decisiones

  • Evaluación de pros y contras: Tanto más, cuanto mayor sea nuestro nivel de seguridad. Por paradójico que pueda parecer, si somos personas con un alto nivel de inseguridad y baja confianza en nuestras propias decisiones, evaluar una y otra vez una situación solo servirá para que no consigamos avanzar y nos atasquemos en un punto medio.Una mujer observando la puesta de sol

En estos casos, con una ronda sencilla en la que afloren las necesidades que tienen una presencia más fuerte o inmediata, podría ser una alternativa más plausible.

  • Ser conscientes de que la elección realizada responde a una necesidad: Cuando elijo o hago algo, tomo la decisión en un momento dado, de acuerdo a unas necesidades y motivaciones que se ajustan a un contexto

Por supuesto que hay cambios constantes en las personas y en sus entornos, pero plantearse qué habría ocurrido si hubiésemos tomado otro camino 10 años atrás sólo nos servirá para aumentar nuestro malestar.

Por esta razón, debemos estar convencidos y haber explorado bien qué es lo que necesitamos en el momento en que vamos a dar un paso determinado.

  • Valorar los aprendizajes y puntos positivos: Aun cuando nos hayamos preguntado alguna vez qué habría pasado de haber escogido otra vía, siempre podemos extraer aprendizajes, experiencias y puntos fuertes de la elección realizada.
  • Ser responsable de las acciones y elecciones: Cuanto mayor importancia tenga nuestra decisión, mayor es la necesidad de que nos apoyemos en nuestro propio criterio.

Siempre podemos consultar y pedir opinión, pero estas consultas deben servir como orientación y no como respuesta inamovible a nuestras dudas, ya que en estos casos aumenta la probabilidad de que tanto nuestros éxitos como nuestros fracasos los atribuyamos a otras personas.

  • Saldar la deuda emocional: En aquellas ocasiones en las que alguna de nuestras decisiones haya podido repercutir en el bienestar de otras personas, y por ello hayamos vivido algún tipo de conflicto emocional, es importante que busquemos la forma de abordar la problemática y/o malestar y tratar de expresar aquello que nos puede quedar pendiente.

Es relevante saber que no siempre podremos reparar el daño causado y no siempre nuestros intentos serán bien recibidos, pero si nuestra necesidad es resolver algo que ha quedado pendiente, tratar de solventar nuestra parte puede suponer una gran contribución para aliviar el sufrimiento y para nuestro propio crecimiento personal.

  • Asumir las opciones con menor coste y mayor beneficio cognitivo y emocional: Si ninguna de las opciones es “acertada”, debemos buscar aquella que pueda suponer un reto, un punto fuerte, un aprendizaje o que nos pueda suponer un menor nivel de pérdida a nivel emocional.

Esto repercutirá de forma favorable en nuestra percepción de responsabilidad.

Como siempre nos gusta mencionar, cada caso es único y merece un abordaje individualizado. Si estás experimentando algún proceso relacionado con el arrepentimiento o la responsabilidad, podemos ayudarte.