trastorno facticio o síndrome de munchausen

Según el Manual de Diagnóstico Estadístico (DSM-V), el trastorno facticio (anterior y popularmente conocido como Síndrome de Münchausen) se caracteriza por una alteración del estado mental de aquella persona que lo padece y que consiste en simular o crear dolencias para asumir el rol de enfermo.

Este trastorno se diferencia del trastorno facticio impuesto a otro (anterior y popularmente conocido como Síndrome de Münchausen por poderes) debido a que en este último el trastorno a nivel emocional y conductual se manifiesta en personas que se identifican como cuidadoras de otras. En base a esta segunda variante del trastorno versa nuestro artículo de hoy.

En el Síndrome de Münchausen por poderes, el cuidador simula, atribuye e incluso provoca enfermedades o lesiones a nivel físico y/o mental, de manera que consigue reafirmar y perpetuar la necesidad de cuidado de la persona a su cargo.

En numerosas ocasiones, las personas al cargo de adultos son menores, lo que ha llevado a considerar esta variante del trastorno una forma de maltrato infantil que puede llegar tener consecuencias fatales para el niño/adolescente.

¿Qué características se presentan?

Algunos de los rasgos más fácilmente detectables en este trastorno tienen que ver con la fijación del cuidador por inventar o provocar síntomas de una enfermedad en la/s persona/s a su cargo, de manera que estos últimos atraviesan diferentes fases de pruebas, exploraciones e intervenciones médicas que, en múltiples ocasiones, son completamente innecesarias.

La sintomatología de este trastorno incluye, entre otras cuestiones:

  • La simulación de signos físicos o psicológicos en la persona a su cuidado, o bien la provocación de lesiones y/o enfermedades con el fin de confundir al personal médico responsable del caso y/o a otras personas.
  • La persona que queda al cuidado se presenta de forma engañosa ante el resto, bajo la concepción de estar enferma, lesionada o tener problemas de funcionalidad.
  • El mantenimiento del engaño en el tiempo, aun cuando no le reporta ningún tipo de beneficio (aparente).

De la misma forma, algunos de los comportamientos que los que padecen este trastorno suelen llevar a cabo tienen que ver con:

  • Añadir sangre a la orina o a las heces de la víctima.
  • Inventar o manipular resultados de pruebas de laboratorio.
  • Dar medicación u otros productos químicos a la víctima para provocar vómitos, diarreas u otros síntomas médicos.
  • Emplear productos irritantes en la persona a su cuidado para crear o simular infecciones, erupciones u otros problemas en la piel.
  • Manipular a la persona a su cuidado u ocasionarle un nivel de estrés psicológico elevado que pueda desembocar en el desarrollo de un trastorno mental real.
  • Ejercer una manipulación o efecto de sugestión en la víctima que lleve a que crea que está enferma realmente y, por ende, contribuya con su rol de “incapaz de valerse por sí mismo”.

Para resumir estas características, presentamos a continuación un fragmento de la película española Primos (2011), en la que dos de los personajes principales debaten sobre el Síndrome de Münchausen por poderes:

Por otro lado, las víctimas de los pacientes con trastorno facticio impuesto a otros suelen presentar una serie de síntomas de difícil explicación y para los que resulta complicado dar con un tratamiento, debido a las acciones deliberadas y recurrentes de quienes realmente los provocan.

Algunos de los síntomas que frecuentemente aparecen en las víctimas son: sangrados o hemorragias, intoxicaciones, diarreas y vómitos, hipo o hiperglucemia, infecciones múltiples, entre otros.

¿Cómo podemos identificar el síndrome de Munchausen?

Aunque no es tarea sencilla identificar un caso de trastorno facticio impuesto a otros, hay algunos tipos de comportamiento que nos pueden servir de orientación a la hora de detectarlo.Un padre revisando el termómetro

Por ejemplo, en numerosas ocasiones los problemas que presenta la persona cuidada son inexplicables y persistentes; la víctima ha pasado mucho tiempo en hospitales y centros médicos, pero no ha obtenido un diagnóstico claro; aparecen indicios de medicación u otros tóxicos en la orina, sangre o heces de la persona cuidada; el cuidador informa de síntomas que el personal médico no puede detectar, de manera que desaparecen en el entorno hospitalario y reaparecen al regresar al domicilio; la sintomatología de la persona cuidada sólo está presente cuando lo está el cuidador; en repetidas veces la víctima sufre convulsiones para las que no se encuentra un tratamiento adecuado; el cuidador es sorprendido (y/o grabado) realizando conductas sospechosas en relación con el estado de salud de la persona a su cargo.

¿Cómo trabajamos los psicólogos esta dificultad?

Cuando señalamos al paciente en el Síndrome de Münchausen por poderes, nos estamos refiriendo a la persona que cuida de otra, induciendo a enfermedades, lesiones y cualquier otro tipo de perturbación en aquel que está a su cargo.

Es decir, nuestro paciente principal no es la persona cuidada (que podría serlo por las consecuencias de la conducta de su cuidador), sino el cuidador que experimenta el trastorno del estado mental.

Por tanto, podemos prever que existe un doble abordaje psicológico a realizar.

Por un lado, nuestro trabajo se centra en evaluar el origen del trastorno en el cuidador y cuáles son los factores que están contribuyendo a mantener su conducta patológica, de manera que podamos explorar progresivamente nuevas formas de funcionamiento y de relación que no estén supeditadas a una dependencia dañina, sino a un patrón de interacción saludable.

El apoyo y asesoramiento psicológico tendrán una intensidad variable en función del grado de conciencia sobre el problema que presente el paciente, así como su grado de implicación en la búsqueda de una alternativa en su funcionamiento relacional cotidiano.

En cualquier caso, se debe entender que el Síndrome de Münchausen/trastorno facticio impuesto a otros está catalogado como una experiencia patológica de la salud mental, por lo que no es una elección voluntaria del paciente, y es probable que su avance en el proceso terapéutico le lleve a desarrollar un alto nivel de culpabilidad, que será imprescindible acoger y trabajar.Una madre hablando con la médico de su hija

Por otra parte, el trabajo con la víctima también variará en función de la duración e intensidad de aquellos síntomas provocados por el cuidador.

La psicoeducación sobre el trastorno es esencial para que la víctima comprenda que el cuidador también es una víctima de su propio trastorno, de forma que no vincule las conductas vividas como elecciones conscientes.

Además, en este caso nuestra función como psicólogos es trabajar a nivel cognitivo y emocional cualquier asociación que se haya producido con respecto a la situación vivida y que suponga un impedimento en la creación de nuevos vínculos y el establecimiento de una base de confianza.

La alta probabilidad de que estas personas sientan que sus recursos para desenvolverse solos son muy bajos, nos empuja a abordar cuestiones relativas a fortalezas y debilidades, para potenciar las primeras y encontrar alternativas viables para las últimas.

 

 

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