Trastornos del sueño: Insomnio e Hipersomnia

¿Qué son?

problemas del sueño Los trastornos del sueño son alteraciones o dificultades que se presentan en alguna de las fases del ciclo sueño-vigilia implicando una perturbación del mismo y, por consiguiente, la sensación de que el periodo de descanso no ha sido suficiente.

Como se puede imaginar, su aparición afecta en un breve periodo de tiempo al funcionamiento cognitivo, emocional y físico de la persona que los padece.

¿Qué tipos encontramos? ¿Cómo trabajamos con ellos?

Los trastornos del sueño pueden clasificarse de múltiples formas, siendo una de las más conocidas la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño, que los divide en disomnias (o dificultades para iniciar o mantener el sueño), parasomnias (o trastornos que aparecen durante el sueño, como el sonambulismo), y trastornos psiquiátricos del sueño (o alteraciones del sueño que se producen debidas a la presencia de otro desorden como, por ejemplo, depresión).

Dentro de esta clasificación encontramos una variedad importante de trastornos que resultan conocidos en mayor o menor medida y cuyas características difieren bastante entre sí.

Debido a nuestra disposición para escribir sobre este tema de la forma más clara y concisa posible, hemos seleccionado algunos de los trastornos del sueño que aparecen con mayor frecuencia y que causan mayores alteraciones en el funcionamiento global de la persona. En este post hablaremos de dos de las disomnias más relevantes: Insomnio e Hipersomnia.

  • Insomnio:

Es una de las alteraciones del sueño más comunes por la cantidad de personas a las que afecta, clasificándose en insomnio agudo cuando su duración es inferior a 4 semanas, subagudo cuando la duración es entre 4 semanas y 6 meses, y crónico, cuando supera este periodo.

No hay un motivo evidente por el que pueda aparecer el insomnio, al contrario, son múltiples los motivos que pueden influir en esta dificultad para iniciar, mantener o finalizar de forma óptima el ciclo de sueño.

La persona que lo experimenta siente la frustración de no poder conciliar el sueño y dar comienzo a su periodo de descanso, especialmente cuando a la mañana siguiente sabe que tiene un horario que cumplir y en el que aparece somnolencia diurna, baja concentración e incapacidad para sentirse activo.

¿Qué puede afectar en la aparición de insomnio?

problemas del sueñoComo decíamos múltiples factores influyen, por resulta de vital importancia establecer una buena higiene del sueño que permita evitar o reducir el impacto que pueden tener en nuestro necesario periodo de descanso.

Por ejemplo, realizar ejercicio físico al menos 4 horas antes de ir a la cama, ya que la actividad física justo antes de dormir nos haría ir a la cama excesivamente activados y no relajados, como sería deseable.

Evitar las comidas pesadas antes de ir a dormir, así como bebidas gaseosas y café u otras sustancias con cafeína que, al igual que en el apartado anterior, nos mantendrían activados a la hora de buscar iniciar el sueño.

Es recomendable tratar de ir a la cama siempre en torno a la misma hora, ya que nuestro cuerpo tiende a habituarse a nuestros horarios y es el que termina demandando que nos vayamos a la cama cuando se ha adaptado a un periodo determinado para dormir.

Estas pautas que acabamos de ver son muy útiles de cara a la prevención del insomnio. No obstante, ¿qué hacemos si, pese a todo, no conseguimos dormir?

Debemos tratar de quedarnos dando vueltas en la cama, de un lado a otro sin lograr dormir, ya que este patrón de conducta no conseguirá nada más que aumentar nuestro nerviosismo.

Lo ideal es que nos levantemos y nos vayamos a otro lugar a iniciar cualquier otra actividad (leer, ver la televisión, escribir, escuchar música…) hasta que sintamos que volvemos a tener sueño. El objetivo de este cambio de ubicación es que nuestro cuerpo no asocie la cama con un lugar en el que “no se puede dormir”.

Es cierto que, en muchas ocasiones, por encima de un malestar físico que nos dificulta dormir (ej. Comida pesada), nos encontramos con una carga cognitiva que nos obliga a mantener la concentración por encima de nuestra necesidad de dormir (ej. Preocupaciones laborales, familiares, etc.).

Pese a la dificultad que en estos momentos puede suponer tratar de dejar estos pensamientos a un lado, nuestra propuesta es ofrecer herramientas de relajación y regulación de la respiración a nuestros pacientes para que puedan recurrir a ellas y, de ese modo, encontrar cierto alivio cognitivo y una vía alternativa para “pausar” la preocupación temporalmente y llegar a un descanso reparador.

  • Hipersomnia:

Al contrario que el insomnio, la hipersomnia aparece cuando en la aparece una excesiva somnolencia durante el día y la necesidad de pasar por periodos de sueño diurnos, aunque el periodo de sueño nocturno haya sido “largo”.

La explicación se debe a que pese a pasar por un periodo de sueño nocturno lo suficientemente largo, su sensación es de haber sufrido interrupciones durante el sueño, por lo que éste “no cumple” su función reparadora y de descanso.

Estos pacientes necesitan recurrir a “siestas” en momentos que catalogaríamos como no adecuados, como durante la jornada laboral o en una reunión de amigos fuera de casa, ya que sus “siestas” en horarios diurnos no tienen ningún efecto a la hora de reducir la sensación de somnolencia, independientemente de su duración.

Como se puede esperar, este trastorno conlleva grandes dificultades en la concentración, memoria y aprendizaje de los pacientes que lo sufren, que además “necesitan” vivir a un ritmo más lento porque su somnolencia permanente les impide funcionar al ritmo que consideraríamos “normal”.

¿Qué hacemos con la hipersomnia?

Al contrario que ocurre con el insomnio, la hipersomnia cuando la detectamos nos obliga a recomendar una evaluación médica del paciente, ya que generalmente es un trastorno que aparece conjuntamente con lesión/daño cerebral, u otros trastornos como depresión clínica.

Del mismo modo, la hipersomnia puede ser un síntoma que nos permita detectar otros posibles trastornos como la narcolepsia (somnolencia inevitable durante el día) o las apneas del sueño (interrupción/obstrucción del aire que entra en cuerpo durante el sueño), por lo que resulta fundamental prestar atención a las señales que nos permitan detectar si el paciente que tenemos delante puede estar padeciendo hipersomnia.

Como es de esperar, en la hipersomnia también hay un componente o predisposición genética que puede explicar su aparición y, por supuesto, puede aparecer hipersomnia debido al consumo de determinada medicación, considerándose en este caso una hipersomnia de tipo secundario.

Los trastornos del sueño resultan especialmente preocupantes debido a la importancia que tiene para nuestro correcto funcionamiento un ciclo óptimo del periodo sueño-vigilia.

Por este motivo, somos los psicólogos los que debemos permanecer “despiertos” para garantizar que este ciclo se restaure de la forma más adecuada posible.