Mujer anoréxica

Mujer anoréxica se cree obesa frente al espejo

Llamamos trastornos de la alimentación a aquellos patrones de conducta relacionados con la comida que llevan a un uso habitualmente restrictivo o abusivo, repercutiendo negativamente en el funcionamiento cotidiano de la persona (bajo peso, amenorrea, dificultad para realizar actividades físicas, para la concentración, etc.).

Los trastornos de alimentación se encuentran con mayor frecuencia en la población femenina y adolescente, aunque cada vez se encuentran más casos de varones que presentan estas conductas.

Aunque menos probable, también es posible encontrar casos de trastornos de la  alimentación cuya primera aparición sea en la infancia o en la edad adulta.

¿Qué es lo que define el perfil de población que sufre estos trastornos de la alimentación?

Cuando trabajamos con personas, es complicado encontrar una única causa para una sintomatología concreta o un conflicto que se nos está planteando. No obstante, sí hay una serie de factores que suelen formar parte de las personas que visitan a un psicólogo por sus problemas con la alimentación:

  • Presión social: El canon de belleza femenino ha tenido un sinfín de variaciones desde el principio de nuestros tiempos hasta la actualidad.

En la Edad Media, la mujer que se consideraba hermosa era aquella entrada en carnes (por poder adquisitivo, comía mejor que otras mujeres con menos recursos), con pechos pequeños y el cuerpo redondeado, como claro símbolo de fertilidad.

Este ideal, con pequeñas variaciones en los siglos posteriores (sobre todo, con la aparición del corsé para reducir el tamaño de la cintura y así dotar de mayor protagonismo al pecho y las caderas), se mantiene hasta los años 70, cuando la sociedad empieza a modificar su ideal de belleza femenino hacia uno que aboga por una mayor delgadez corporal. Así empiezan a mostrarlo las firmas a través de las pasarelas y de la configuración de las tallas de ropa en las tiendas.

Es en este momento cuando la presión social comienza a hacer mella fundamentalmente en la población femenina adolescente, cuya necesidad de aceptación está muy presente y consideran que el aspecto físico es una herramienta elemental para conseguirla.

  • Entorno familiar: La familia es el seno donde nacen los primeros vínculos de la persona, y también donde se forjan los posteriores estilos relaciones que va a desarrollar futuramente.

En ocasiones, un entorno familiar conflictivo, en el que un/a joven puede sentirse poco apoyado o comprendido, en el que puedan aparecer conductas sobre-protectoras o algunas conductas o actitudes menospreciativas, puede llevar a que aparezcan patrones de conducta problemáticos en relación con la alimentación si además la persona tiene baja autoestima y pocos vínculos de confianza ajenos al seno familiar.

  • Factores psicológicos y biológicos: Cada persona es única, y sus rasgos de personalidad pueden ayudarnos a definir en qué medida puede existir una relación con un trastorno de alimentación.

Personas con bajo control de impulsos, inseguros, que muestran cierta desconfianza en el contacto con otras personas y en las que aparece un patrón obsesivo por la delgadez.

A nivel químico, podemos encontrar cambios en los neurotransmisores, asociados a la presencia de ansiedad, estado de ánimo depresivo, y/o conductas obsesivas y compulsivas.

¿Qué tipos encontramos, y cómo los diferenciamos?

Niño inapetente

Niño con trastorno de la alimentación frente a una manzana

Los trastornos de la alimentación se dividen en tres grandes grupos, que se diferencian porque el patrón de relación con la comida es cualitativamente distinto de uno a otro:

  • Anorexia (nerviosa): En la anorexia, la persona que la sufre padece una disminución importante de su peso (entorno al 10-15%) debido a que se sigue una dieta especialmente restrictiva (tipo restrictivo) y/o conductas de purga (tipo purgativo) como vómitos, ejercicio físico excesivo, consumo de laxantes, etc.

Estos pacientes tienen una percepción de su cuerpo que no se corresponde con la realidad, dado que perciben su peso muy por encima del que se llega a registrar. Asimismo, debido a su bajo peso, es frecuente que en mujeres desaparezca la menstruación (amenorrea).

  • Bulimia (nerviosa): La persona con bulimia, experimenta episodios de atracones (ingerir en un periodo de tiempo concreto una cantidad de comida muy superior a la que consumiría una persona sin bulimia) y, después, sintiéndose culpable por no haber sido capaz de controlar su impulso de comer, recurre a ayunos, vómitos, uso de laxantes, etc., para contrarrestar la ingesta excesiva.

En las personas con bulimia también hay una gran preocupación por la imagen corporal, pero además es frecuente encontrar que curse con trastornos de ansiedad.
Como en la anorexia, puede desaparecer la menstruación si se produce una bajada de peso drástica, y además aparecen también problemas dentales, maxilofaciales y esofágicos debido a las constantes inducciones al vómito.

  • Hiperfagia: Supone un consumo de calorías excesivo tanto para un varón como una mujer (más de 5000 diarias). No hay patrón restrictivo ni purgativo.
    El patrón de conducta es persistente, por lo que en muchos casos la persona llega a aumentar su peso hasta niveles no saludables (obesidad mórbida).

Al igual que la bulimia y la anorexia, puede estar influida por un trastorno de ansiedad y, además, por el bajo control de impulsos.

¿Cómo se trabaja con personas que padecen este tipo de trastornos?

Ante todo, es importante que podamos diferenciar el patrón de conducta que se nos presenta, porque la forma de abordar el tratamiento de anorexia es distinta a la forma de abordar el tratamiento de hiperfagia.

Son existencias diferentes, por lo que también lo son las necesidades de las personas que las padecen.

Desde una perspectiva fenomenológica, los trastornos de la alimentación surgen como una forma de adaptarse al entorno (ajuste creativo) con las herramientas de que disponen. No significa que sea una forma útil de adaptación, pero es importante tener en cuenta que es la mejor forma que han tenido para ajustarse a su entorno.

Por este motivo, cuando la persona con un trastorno de alimentación viene a consulta, debemos trabajar con ella en la relación terapéutica cómo podemos elaborar una nueva forma de ajustarse a su entorno que sea más beneficiosa y saludable.

  • Escuchemos quiénes son y por qué han venido: Ser consciente de la necesidad de buscar una alternativa para la situación actual es la clave para iniciar el cambio. Valorémoslo. Atendamos a sus debilidades y sus fortalezas. Utilicemos las últimas como nuestro apoyo para que puedan alcanzar su meta.
  • Prestemos atención a la emoción: Las emociones nos van a dar mucha información sobre temores, inseguridades, aspiraciones, etc., de la persona que tenemos sentada frente a nosotros. Debemos permitirles espacio para sentir, y para que puedan conectar con su necesidad a través de lo que sienten.
  • Ofrezcamos alternativas de conducta: Podemos barajar con la persona una regulación de las conductas que consideramos dañinas. Los cambios de conducta no suceden de un día para otro, por lo que es importante que reforcemos los avances y exploremos las dificultades de cambio.
  • Recomendemos actividades: En referencia a sus preferencias, sus gustos y sus aficiones, podemos recomendarles actividades que puedan permitir trabajar sus habilidades sociales, confianza y autoestima.
  • Grupos de apoyo: Si lo consideramos pertinente, ofrezcamos la posibilidad de asistir a un grupo de apoyo, en el que conocerán a personas con dificultades similares, y de esa forma podrán conectar y enriquecerse de las experiencias de los demás.

La nutrición es la forma en que tomamos sustento de nuestro entorno. La relación es la forma de nutrirnos con el otro.